POR EZEQUIEL GAYTÁN *En Países con Economías Planificadas o Capitalistas, sin Examen no hay Ingreso *En el México Bajo el Régimen de Morena, se Concibe Neoliberal, de Derecha y de Exclusión *El Examen de Admisión no Distingue Credos, Ideologías o Estatus Social; Parejo Para Todos *No se Trata de Elitismo Económico: lo que se Evalúa …
El Examen de Admisión

POR EZEQUIEL GAYTÁN
*En Países con Economías Planificadas
o Capitalistas, sin Examen no hay Ingreso
*En el México Bajo el Régimen de Morena, se
Concibe Neoliberal, de Derecha y de Exclusión
*El Examen de Admisión no Distingue Credos,
Ideologías o Estatus Social; Parejo Para Todos
*No se Trata de Elitismo Económico: lo que se
Evalúa es la Capacidad de Raciocinio
El examen de admisión escolar es un mecanismo de selección al que recurren la gran mayoría de instituciones de educación superior consideradas prestigiadas, de calidad y cuya exigencia al estudiantado es elevada. Se aplicó en los países socialistas de Europa del este y aun se aplica en China, Cuba y Vietnam por citar algunos países de economía planificada. Lo mismo ocurre en los países capitalistas. En pocas palabras, la exigencia académica trasciende lo ideológico, pues la prioridad es la lucha en contra de la ignorancia y la elevación del conocimiento, ante todo y, sobre todo.
La formación de jóvenes curiosos e inquietos es una prioridad en la mayoría de los países del mundo. Por un lado, los Estados socialistas y capitalistas impulsan a su juventud a coadyuvar con el desarrollo nacional y, por el otro, les exigen a los universitarios méritos académicos. En pocos países, uno de ellos México bajo el régimen de Morena, no se aplica el examen en sus universidades pues se le concibe como un fifí, neoliberal, de derecha y de exclusión. Sostiene que un niño rico pasa el examen de admisión porque desde bebé consumió proteínas animales y vegetales y el niño pobre no tuvo una buena alimentación. Lo cual podría ser cierto, pero esa falla estructural de la vida en México es un asunto que debe responderse con políticas de Estado focalizadas en al menos cuatro pilares: a) soberanía alimentaria en la medida de lo posible con apoyo al campo; b) una buena, sólida y cabal educación básica; c) con servicios de salud de calidad y con medicamentos y, d) con exigencia educativa de nivel superior. Léase, en Morena omiten el examen de admisión por cuestiones ideológicas y no de méritos académicos.
Los gobiernos morenistas al no aplicar el examen de admisión recurren a diversos métodos. Así tenemos que la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) organiza un sorteo. Es decir, el ingreso es al azar. Por su parte las Universidades para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ) solicitan que el aspirante se registre en su plataforma oficial, luego las autoridades de ese sistema realizan una valoración diagnóstica general y después los aspirantes toman un curso de recuperación o preparación. Si la demanda supera la capacidad del plantel, el ingreso se define mediante un sorteo. Por lo que respecta a la Universidad Nacional Rosario Castellanos (UNRC) se requiere aprobar un programa propedéutico en línea y con eso basta. En pocas palabras, son instituciones populares en las cuales el ingreso es laxo y, a decir de algunos estudiantes de esas tres organizaciones, no se les exige demasiado. Por lo demás, no tengo elementos que me permitan evaluar la calidad educativa de esas tres instituciones.
En la gran mayoría de las universidades y politécnicos del resto del mundo, se aplica el examen por algunas de las siguientes razones: la búsqueda de alumnos de excelencia, reconocimiento al mérito académico, control de cupo, impulsar las habilidades epistémicas, garantizar capacidades de comprensión y medir conocimientos específicos de forma directa al tratarse de exámenes de opción múltiple con lo cual solo hay una respuesta correcta y se elimina la subjetividad al evaluar conocimientos. Más aún, el examen de admisión no distingue credos, ideologías o estatus social. Es decir, a la educación superior entran quienes aprueban con altas calificaciones.
El núcleo central de cualquier institución de educación superior pública o privada es que sus egresados alcancen la calidad educativa de excelencia, la formación profesional sólida y ética y las aportaciones que hagan sean útiles a la sociedad y a la humanidad, ya sea en el campo de las humanidades, en las ciencias experimentales y en las sociales.
Desde los puntos de vista pedagógico y didáctico se ha demostrado que la calidad educativa conlleva implícita y explícitamente un esfuerzo más allá de la medianía académica. Léase, tanto el profesorado, como el estudiantado deben esforzarse en estudiar y aprender sin permitir que el llamado “panzazo” sea la regla. La seriedad académica no debe, ni puede estar sujeta al azar o a “golpes de chiripa”. Quien sostenga que la mecánica de ingreso a una institución de educación superior es lo de menos está argumentando a favor de lo vertebrado del humo.
Los seres humanos nacemos con diferentes vocaciones y habilidades. Hay quien tiene facilidad para los temas filosóficos, otros para el comercio y quienes, desde pequeños, eran ya unos genios de las matemáticas. En la vida me he encontrado con gente que no tuvo espíritu para la educación superior y son personas realizadas, felices y creativas. Ejemplos sobran y no mencionaré nombres. De ahí que es de todos sabido que una carrera universitaria es para algunos, pero no para todos.
En los países socialistas era común, por su carácter planificador, que el Estado definiera los cupos en las carreras, pues las universidades ni tenían autonomía, ni libertad de catedra, ni de investigación. Ergo los exámenes de admisión tenían un sesgo a fin de atender las necesidades del Estado y por eso sus exámenes de admisión eran sumamente exigentes. Por esa razón sus estudiantes y egresados eran y son reconocidos en sus respectivos países y en el mundo.
En los países capitalistas la demanda educativa la determinan las vocaciones estudiantiles, el mercado, la calidad académica, el prestigio de la institución y las expectativas profesionales. Lo interesante del caso es que la exigencia académica es el común denominador en los dos modelos.
El partido Morena ha ideologizado el concepto del examen de admisión y en su propaganda invita a los jóvenes a sumarse a dicho movimiento al anunciar que en sus escuelas de educación media superior no se aplica el “examen de exclusión”. La idea de ese partido es menospreciar la exigencia académica, legitimar la fragmentación social y exaltar la mediocridad.
Ingresar a una institución educativa de educación superior pública en México, ya sea la UNAM, el IPN, la UAM, El Colmex y el CIDE o a una privada como la Ibero, La Salle, el Tec de Monterrey o el ITAM exigen que el aspirante acredite un examen de admisión. En ningún caso se trata de elitismo económico porque lo que se evalúa es la capacidad de raciocinio, las habilidades y destrezas, así como los conocimientos del aspirante. En otras palabras, omitir el examen de admisión a la educación superior por razones asistencialistas, remediales y paternalistas es masificar la mediocridad del país.
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