El fotoperiodista Alejandro Medina Guzmán presentó en el Museo de la Ciudad de México un libro que reúne 100 fotografías en blanco y negro y testimonios sobre una tradición de fe, convivencia y solidaridad que lleva a los habitantes de Tepito hasta el Santuario del Señor de Chalma.
Durante tres días y más de 50 kilómetros, un grupo de peregrinos deja atrás las calles de Tepito para emprender un camino que, para quienes participan en él, significa mucho más que llegar a un santuario. Es una tradición familiar, un encuentro comunitario y una forma de mantener viva la memoria de un barrio.
Esa experiencia quedó registrada en “Chalmeros de Tepito. Barrio peregrino”, libro del fotoperiodista Alejandro Medina Guzmán, editado por Artes de México, que fue presentado en el Museo de la Ciudad de México.
La publicación reúne 100 fotografías en blanco y negro, acompañadas de testimonios que muestran el recorrido hacia el Santuario del Señor de Chalma, en el Estado de México. A través de sus imágenes, Medina Guzmán retrata la fe, pero también el cansancio, la celebración, la introspección, la convivencia y el trabajo colectivo que hacen posible la peregrinación.
Cinco años detrás de una historia
El proyecto comenzó en 2010, cuando Alejandro Medina Guzmán recibió la invitación de su primo Jonatan Solís Medina, comerciante de Tepito, para acompañar a los peregrinos.
Lo que inicialmente parecía ser un trabajo fotográfico terminó transformándose en una experiencia personal y espiritual para el autor. Durante cinco años, el fotógrafo siguió los pasos de la comunidad y encontró en el camino una historia que difícilmente podía reducirse a las imágenes de una peregrinación.
Su cámara comenzó a registrar los rostros, los momentos de descanso, el esfuerzo físico y las escenas cotidianas que ocurren a lo largo del trayecto. El resultado es también una mirada distinta sobre Tepito: una que se aleja de los estereotipos para mostrar a familias, comerciantes y peregrinos unidos por una tradición transmitida entre generaciones.
El camino como espacio de encuentro
La ruta hacia Chalma está llena de momentos que forman parte de la memoria colectiva de los peregrinos.
En las fotografías aparecen prácticas como la colocación de coronas de flores en el ahuehuete, el ascenso al Cerro del Perdón y finalmente la llegada al santuario.
Pero el verdadero protagonista no es únicamente el destino.
El camino se convierte en un espacio donde conviven el cansancio y la celebración, el silencio y la conversación, la devoción individual y la experiencia colectiva.
Cada paso implica un esfuerzo físico, pero también reafirma los vínculos entre quienes participan. La peregrinación funciona así como una especie de territorio temporal en el que las diferencias cotidianas quedan suspendidas y la comunidad adquiere un papel central.
La familia también peregrina
Uno de los aspectos que destaca el libro es la participación de las familias.
Mientras algunos avanzan por el camino, otros colaboran con la preparación de alimentos, el abastecimiento y el apoyo a quienes enfrentan el cansancio del recorrido. La organización detrás de la peregrinación revela una red de solidaridad basada en la reciprocidad y el acompañamiento.
No todos tienen que caminar cada kilómetro para formar parte del viaje. La tradición se sostiene también desde quienes preparan, ayudan, alimentan y esperan.
En ese sentido, la peregrinación no pertenece únicamente a quienes llegan a Chalma. Es una experiencia construida por toda una comunidad.
Una tradición heredada
Durante la presentación, Miguel Ángel, integrante de la comunidad de peregrinos, explicó que ser chalmero representa una tradición recibida de padres y abuelos.
La afirmación permite entender la dimensión generacional de esta práctica: el camino no comienza cuando los peregrinos emprenden la marcha, sino mucho antes, en las historias familiares que transmiten el significado de caminar hasta Chalma.
El escritor y periodista Jorge Pedro Uribe destacó, por su parte, el valor documental de la publicación como una forma de preservar la memoria social y cultural de Tepito.
Las fotografías adquieren así una segunda dimensión. Además de registrar una tradición religiosa, funcionan como documentos de una comunidad y de las personas que la mantienen viva.
Entre memoria, identidad y sincretismo
El libro también se aproxima a los orígenes de la organización de los peregrinos, formalizada en 1990, así como a distintos elementos que forman parte de su identidad.
Entre ellos aparece el Santo Madero de Tenochtitlan 40 y el sincretismo religioso vinculado con antiguos cultos de la región de Ocuilan.
Estos elementos permiten observar la peregrinación como una práctica en la que distintas capas históricas y culturales se encuentran. La tradición religiosa contemporánea convive con memorias más antiguas y con símbolos que han adquirido nuevos significados a través del tiempo.
Tepito contado desde el camino
“Chalmeros de Tepito. Barrio peregrino” propone mirar Tepito desde otro lugar: desde el camino que sus habitantes recorren, desde las familias que sostienen la tradición y desde los vínculos que se fortalecen durante tres días de marcha.
Las fotografías en blanco y negro de Alejandro Medina Guzmán no buscan únicamente documentar quiénes son los peregrinos o hacia dónde se dirigen. También muestran cómo una comunidad se reconoce a sí misma a través de una tradición.
Entre flores, alimentos, cansancio, oraciones y pasos compartidos, el trayecto hacia Chalma se convierte en una expresión de fe, pero también de encuentro, resistencia y pertenencia.
Así, el libro preserva algo que va más allá de una peregrinación: la memoria viva de un barrio que encuentra en el camino una manera de reafirmar quién es y de transmitir esa identidad a las nuevas generaciones.

