Septiembre tiene más sismos en México, pero diciembre concentra los de magnitud 6 o mayor

Un análisis de registros del Servicio Sismológico Nacional revela que septiembre acumula la mayor cantidad de movimientos desde 1900; sin embargo, diciembre encabeza los eventos de magnitud 6 o superior. Los especialistas descartan que esto permita predecir un terremoto.

Septiembre carga con una particularidad en la memoria sísmica de México. Es el mes que acumula más movimientos telúricos registrados desde 1900, pero los datos históricos muestran que esto no significa que sea también el periodo con mayor cantidad de sismos fuertes.

Un análisis realizado por el Arq. Norberto Sánchez Garduño, responsable de Protección Civil de la Universidad Iberoamericana, encontró que diciembre concentra el mayor número de sismos de magnitud 6 o superior dentro del periodo estudiado.

El especialista, egresado de la primera generación de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la IBERO, revisó los registros disponibles en el catálogo del Servicio Sismológico Nacional entre el 1 de enero de 1900 y el 14 de septiembre de 2026.

En esos 126 años se contabilizaron 396 mil 816 sismos de distintas magnitudes en territorio mexicano. Septiembre aparece en primer lugar con 39 mil 265 movimientos, seguido de enero, con 36 mil 331.

Pero cuando la búsqueda se limita a los eventos de magnitud 6 o superior, el panorama cambia.

Diciembre supera a septiembre en los sismos más fuertes

Del total de registros analizados, Sánchez Garduño identificó 329 sismos de magnitud 6 o mayor.

Diciembre encabeza esta clasificación con 38 eventos, seguido por junio, con 35, y abril, con 32. Septiembre ocupa el cuarto lugar, con 28 sismos.

Los datos, por tanto, muestran una diferencia importante: que septiembre sea el mes con más sismos registrados no significa que exista una concentración de los movimientos de mayor magnitud durante ese periodo.

“Geológicamente, todo el tiempo está temblando”, explicó Sánchez Garduño.

La razón está en la propia dinámica del planeta. Las placas tectónicas se encuentran en movimiento permanente y no existe una relación comprobada que permita vincular una mayor actividad sísmica con un mes específico del año.

¿Por qué tiembla tanto en México?

México se encuentra en una región con una importante actividad tectónica. Una parte considerable de los sismos que pueden sentirse en la Ciudad de México tiene su origen en las costas del Pacífico, donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa de Norteamérica.

Sin embargo, no todos los grandes terremotos que afectan a la capital tienen el mismo origen.

El terremoto de 1985, uno de los más devastadores de la historia reciente del país, se originó frente a las costas de Michoacán. En contraste, el sismo del 19 de septiembre de 2017 fue un movimiento intraplaca, producto de una ruptura en el interior de la placa de Norteamérica.

Su epicentro se ubicó entre Puebla y Morelos, una localización que implicó una menor distancia respecto de la Ciudad de México.

“Decir qué relación existe entre que tiemble más en un mes que en otro no es posible. Las placas tectónicas están en movimiento todo el tiempo y en todo el mundo”, señaló el especialista.

El 19 de septiembre es una coincidencia, no una predicción

Los terremotos ocurridos el 19 de septiembre de 1985, 2017 y 2022 han alimentado la percepción de que esa fecha posee alguna característica particular.

Sin embargo, los registros analizados por Sánchez Garduño muestran que existen otros días del calendario con más coincidencias.

El 7 de junio acumula cinco movimientos registrados en distintos años: 1911, 1918, 1976 y dos durante 1982. El 28 de agosto y el 24 de octubre registran cuatro eventos cada uno, mientras que el 19 de septiembre suma tres.

Estas coincidencias son únicamente recurrencias estadísticas. No permiten anticipar cuándo ocurrirá el siguiente terremoto.

Hasta ahora, no existe un método capaz de predecir con exactitud el día, la hora, el lugar y la magnitud de un sismo.

Prepararse también ayuda a enfrentar el miedo

Más allá de las cifras, conocer cómo funcionan los sismos puede ser una herramienta para reducir la ansiedad, especialmente durante septiembre, un mes que para muchas personas está asociado con experiencias traumáticas.

Quienes vivieron daños en sus viviendas, permanecieron atrapados en un inmueble o perdieron a un familiar durante los terremotos pueden responder de manera diferente ante una nueva emergencia.

Los cursos y simulacros pueden proporcionar herramientas para actuar, aunque no sustituyen la atención psicológica cuando existe un trauma.

“El conocimiento te da muchas herramientas. Entre más conozcas el peligro y tus riesgos, más elementos tendrás para crear tus propios protocolos de actuación”, afirmó Sánchez Garduño.

¿Qué hacer antes y durante un sismo?

La preparación comienza mucho antes de que se active una alerta. El especialista recomienda conocer los espacios que se frecuentan —casa, escuela, trabajo, cine o restaurante— e identificar en cada uno las zonas de menor riesgo, elementos estructurales, rutas de evacuación, salidas de emergencia y puntos de reunión.

También es útil calcular cuánto tiempo toma desplazarse desde el lugar donde normalmente se permanece hasta una zona segura o un punto de reunión.

Si existe tiempo suficiente y el protocolo del inmueble indica evacuar, debe hacerse de manera ordenada. Pero si el movimiento ya comenzó y no es posible salir con seguridad, es necesario dirigirse a la zona de menor riesgo previamente identificada.

Una de las recomendaciones centrales es clara:

“Si ya se mueve, no te muevas”, resumió el especialista.

Una vez terminado el movimiento, la evacuación debe realizarse siguiendo las indicaciones de brigadistas y autoridades. En escuelas, oficinas y otros inmuebles, las rutas deben mantenerse despejadas y revisarse para evitar obstáculos como cristales, lámparas o plafones desprendidos.

Al llegar al exterior tampoco debe asumirse que cualquier sitio es seguro. Es necesario alejarse de fachadas, ventanas, árboles, postes, transformadores y vialidades con tránsito.

Antes de regresar a un edificio se debe esperar la autorización correspondiente. En una vivienda, la recomendación es realizar primero una inspección desde el exterior y buscar daños visibles, inclinaciones o grietas. Al ingresar, deben revisarse posibles objetos desprendidos, daños estructurales y cualquier olor a gas.

Los mitos también pueden representar un riesgo

Sánchez Garduño llamó la atención sobre algunos consejos que circulan en redes sociales sin respaldo técnico, entre ellos el llamado “triángulo de la vida”, subir a la azotea durante un sismo o adoptar determinadas posiciones que no forman parte de los protocolos oficiales.

Ante la abundancia de información en internet, recomendó recurrir a fuentes especializadas como la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México y el Centro Nacional de Prevención de Desastres.

También pidió tomar en serio los simulacros, incluso cuando una persona se encuentre fuera de su vivienda, escuela o lugar habitual de trabajo.

Cada ejercicio permite conocer las características del inmueble, identificar rutas y practicar decisiones que pueden resultar fundamentales durante una emergencia real.

“Infórmense, conozcan los lugares en donde estén y participen en los simulacros. El conocimiento es lo que nos puede ayudar a disminuir los temores y, sobre todo, a desmentir los mitos”, concluyó Sánchez Garduño.

En un país donde los sismos forman parte de la realidad geológica cotidiana, la fecha del calendario no puede anticipar el próximo terremoto. Lo que sí puede hacer la población es prepararse para responder mejor cuando la tierra vuelva a moverse.

Shares: