La disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos entró en una nueva fase. El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció que su gobierno impondrá, a partir del 8 de septiembre, aranceles compensatorios por un valor aproximado de 20 mil millones de dólares a productos estadounidenses, después del fracaso de las negociaciones bilaterales y de la …
Canadá responde a Trump con aranceles por 20 mil millones de dólares y eleva la tensión comercial

La disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos entró en una nueva fase. El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció que su gobierno impondrá, a partir del 8 de septiembre, aranceles compensatorios por un valor aproximado de 20 mil millones de dólares a productos estadounidenses, después del fracaso de las negociaciones bilaterales y de la entrada en vigor de nuevos gravámenes impuestos por Washington.
La decisión marca un giro en la estrategia de Carney, quien durante los últimos meses había privilegiado la negociación y la búsqueda de acuerdos con la administración de Donald Trump. Ahora, Ottawa opta por responder con medidas equivalentes ante lo que considera una presión económica creciente.
“Damos este paso a regañadientes”, reconoció Carney, al advertir que las represalias elevarán costos para los consumidores canadienses, reducirán opciones de compra y también afectarán a empresas estadounidenses.
Entre los productos estadounidenses que serán alcanzados por las nuevas medidas se encuentran acero, productos lácteos, electrodomésticos, maquinaria agrícola, equipos electrónicos, pulpa y papel, de acuerdo con el gobierno canadiense.
El fracaso de las negociaciones cambió el escenario
La decisión canadiense llegó después de que las conversaciones comerciales con Washington concluyeran sin acuerdo. Uno de los principales puntos de conflicto fue el sector automotriz, particularmente el arancel de 25 por ciento aplicado por Estados Unidos al contenido no estadounidense de vehículos fabricados en Canadá.
Según Carney, los negociadores exploraron reducir ese gravamen a 15 por ciento, pero Washington no aceptó ampliar la eventual exención a camiones medianos y pesados.
A las diferencias comerciales se sumaron otras exigencias estadounidenses relacionadas con los acuerdos que Canadá mantiene con terceros países, así como asuntos culturales y lingüísticos que Ottawa consideró inaceptables.
El enfrentamiento ocurre mientras la administración Trump mantiene una política comercial más agresiva hacia sus principales socios. Washington ya había impuesto aranceles de hasta 50 por ciento a determinados productos canadienses.
Carney acusó a Estados Unidos de modificar constantemente los argumentos utilizados para justificar sus medidas comerciales, desde el tráfico de fentanilo hasta las políticas lácteas canadienses y el déficit comercial.
Una relación económica difícil de sustituir
El problema es que la confrontación se desarrolla entre dos economías profundamente integradas. Estados Unidos representa, por mucho, el principal mercado de exportación de Canadá, mientras que Canadá también es uno de los mayores compradores de bienes y servicios estadounidenses.
El intercambio comercial alcanza cientos de miles de millones de dólares y tiene sectores estratégicos en el centro de la relación, entre ellos petróleo, gas natural, electricidad, automóviles y autopartes.
Carney destacó precisamente esa interdependencia como una de las principales fortalezas de Canadá frente a Washington. El país suministra a Estados Unidos una parte considerable de sus importaciones energéticas, particularmente petróleo, gas y electricidad.
La pregunta ahora es cuánto tiempo podrá mantenerse esa integración sin que las nuevas barreras comerciales terminen afectando a consumidores, empresas y cadenas productivas de ambos lados de la frontera.
Ontario propone golpear a estados clave para Trump
La respuesta canadiense incluso podría adquirir una dimensión política. Doug Ford, primer ministro de Ontario, respaldó las represalias anunciadas por Carney y planteó la posibilidad de imponer medidas adicionales contra productos procedentes de estados estadounidenses considerados políticamente relevantes para Trump.
Entre ellos mencionó Florida, Texas, Iowa y Wisconsin.
La propuesta busca convertir la presión económica en un factor político interno en Estados Unidos, aunque también aumenta el riesgo de que Washington responda con nuevas medidas.
En Canadá, sin embargo, Carney parece contar con respaldo para mantener una postura firme. Una encuesta citada en el contexto de la disputa señaló que 56 por ciento de los canadienses respaldaría una estrategia de mayor firmeza frente a las exigencias estadounidenses.
El conflicto también alcanza al T-MEC
La nueva escalada ocurre en un momento especialmente delicado para América del Norte. La relación entre Canadá, Estados Unidos y México atraviesa la revisión del T-MEC, mientras Washington busca modificar las condiciones bajo las cuales opera el comercio regional.
El choque entre Ottawa y Washington podría complicar todavía más ese proceso y convertirse en una referencia para las negociaciones que Estados Unidos mantiene paralelamente con México.
Por ahora, Canadá ha dejado claro que no pretende permanecer como espectador ante los aranceles estadounidenses. Carney pasó de la conciliación a la represalia y lanzó una advertencia que resume el nuevo escenario: la integración económica entre ambos países puede ser profunda, pero también puede convertirse en un instrumento de presión cuando la política comercial se transforma en confrontación.
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