La UNAM honra al investigador emérito Luis de la Peña Auerbach

La ciencia cobra verdadero sentido cuando deja de ser un conocimiento encerrado en los laboratorios y se convierte en una herramienta para comprender la realidad y contribuir a transformarla. Bajo esa convicción, la Universidad Nacional rindió un homenaje póstumo al investigador emérito Luis de la Peña Auerbach, fallecido en mayo pasado, a quien la comunidad …

La ciencia cobra verdadero sentido cuando deja de ser un conocimiento encerrado en los laboratorios y se convierte en una herramienta para comprender la realidad y contribuir a transformarla. Bajo esa convicción, la Universidad Nacional rindió un homenaje póstumo al investigador emérito Luis de la Peña Auerbach, fallecido en mayo pasado, a quien la comunidad universitaria recordó como científico, maestro, divulgador y hombre comprometido con su tiempo.

Durante la ceremonia, el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, destacó que la trayectoria del físico trascendió las fronteras de la investigación académica. Sus aportaciones alcanzaron proyección internacional y abrieron nuevas perspectivas para el estudio de la mecánica cuántica.

“Recordarlo”, señaló el rector, significa reconocer una vida consagrada a la ciencia, a la formación de nuevas generaciones y a los valores de la Universidad. Su partida, añadió, representa una pérdida para la física mexicana, pero también deja una obra que seguirá formando estudiantes y alimentando nuevas preguntas.

De la Peña Auerbach entendía la ciencia como un ejercicio de pensamiento crítico. No se conformaba con comprobar que una teoría funcionara: buscaba comprender sus fundamentos y sus implicaciones para explicar la realidad. Esa inquietud marcó una trayectoria de seis décadas dedicada a la física teórica, la investigación y la docencia.

Su producción académica comprende más de un centenar de artículos y más de una docena de libros, entre ellos Introducción a la mecánica cuántica, considerado una referencia para estudiantes de licenciatura y posgrado. Fue investigador emérito del Instituto de Física desde 1994 y recibió distinciones como el Premio Universidad Nacional, el Premio Nacional de Ciencias y Artes y el doctorado honoris causa de la UNAM.

Un científico que también quiso explicar la ciencia

Pero su legado no terminó en las publicaciones especializadas. Luis de la Peña fue también un apasionado divulgador científico. Participó en la creación del Museo de la Luz, colaboró en la sala de física cuántica de Universum y escribió obras destinadas a acercar la historia y las ideas de la física moderna a un público más amplio, como Albert Einstein: navegante solitario.

Durante el homenaje, la directora del Instituto de Física, Mercedes Rodríguez Villafuerte, lo recordó como un científico de excelencia y un maestro apasionado por formar generaciones capaces de cuestionar y pensar críticamente.

Ana María Cetto Kramis, investigadora del Instituto de Física y compañera de vida del homenajeado, destacó que durante seis décadas De la Peña mantuvo la misma pasión por investigar y enseñar. Su compromiso con la comunicación de la ciencia, dijo, estuvo acompañado por una profunda convicción de impulsar transformaciones sociales con sentido humanitario.

También se recordó al universitario comprometido con las causas de su tiempo. Para Gabriela García Acosta, quien leyó un mensaje de la titular de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, Rosaura Ruiz Gutiérrez, su pensamiento crítico iba mucho más allá de la física: fue un hombre cercano a las luchas universitarias y sociales.

Desde la Facultad de Ciencias, su director, Luis Felipe Jiménez García, resaltó igualmente su faceta docente. Cursos, asesorías y dirección de tesis de licenciatura y posgrado fueron parte de una labor que permitió a numerosas generaciones acercarse directamente a su conocimiento.

Al final, quedó la imagen de un científico cuya mayor aportación no puede medirse únicamente en artículos, libros o reconocimientos. Como señaló Lomelí Vanegas, una trayectoria también se mide por las preguntas que deja sembradas, la confianza depositada en sus estudiantes y la generosidad con que comparte lo aprendido.

Ese es, quizá, uno de los legados más profundos de Luis de la Peña Auerbach: haber entendido que conocer no significa solamente acumular respuestas, sino aprender a formular mejores preguntas y poner ese conocimiento al servicio de los demás.

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