𝐄𝐋 𝐏𝐀𝐐𝐔𝐄𝐓𝐄 𝐄𝐂𝐎𝐍Ó𝐌𝐈𝐂𝐎 𝐓𝐀𝐌𝐁𝐈É𝐍 𝐒𝐄 𝐌𝐄𝐓𝐄 𝐄𝐍 𝐒𝐔 𝐁𝐎𝐋𝐒𝐈𝐋𝐋𝐎

Wintilo Vela Murilo
𝐄𝐥 𝐩𝐫ó𝐱𝐢𝐦𝐨 𝐏𝐚𝐪𝐮𝐞𝐭𝐞 𝐄𝐜𝐨𝐧ó𝐦𝐢𝐜𝐨 𝟐𝟎𝟐𝟕 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐨𝐫𝐦𝐞𝐬 𝐝𝐨𝐜𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐚 𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐦𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬, 𝐥𝐞𝐠𝐢𝐬𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐲 𝐟𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬. 𝐄𝐧 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫á 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐠𝐚𝐬𝐨𝐥𝐢𝐧𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝 𝐜𝐚𝐫𝐠𝐚, 𝐥𝐨𝐬 𝐢𝐦𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐚𝐠𝐚, 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐢ó𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐛𝐞 𝐬𝐮 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐞, 𝐥𝐚 𝐛𝐞𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐡𝐢𝐣𝐨𝐬, 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐞𝐝𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐧𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚 —𝐨 𝐧𝐨— 𝐞𝐧 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐬𝐩𝐢𝐭𝐚𝐥, 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐫𝐫𝐞𝐭𝐞𝐫𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐯𝐢𝐚𝐣𝐚 𝐲 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐮á𝐧𝐭𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐝𝐫á 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐧𝐝𝐞𝐮𝐝𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐌é𝐱𝐢𝐜𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐨𝐬𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐨. 𝐀𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐜𝐮𝐭𝐢𝐫 𝐪𝐮𝐢é𝐧 𝐠𝐚𝐧ó 𝐩𝐨𝐥í𝐭𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐮𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐨, 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐞𝐧𝐝𝐫í𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐦á𝐬 𝐬𝐞𝐧𝐜𝐢𝐥𝐥𝐚: ¿𝐪𝐮é 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐬𝐚𝐛𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐜𝐢𝐮𝐝𝐚𝐝𝐚𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐮𝐛𝐫𝐢𝐫 𝐝ó𝐧𝐝𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐛𝐞𝐧𝐞𝐟𝐢𝐜𝐢𝐚𝐫𝐥𝐨 𝐲 𝐝ó𝐧𝐝𝐞 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫 𝐩𝐚𝐠á𝐧𝐝𝐨𝐥𝐨?
EL GOBIERNO PRIMERO TIENE QUE DECIR DE DÓNDE SACARÁ EL DINERO
El Paquete Económico cuenta esencialmente dos historias que deberían cuadrar: cuánto espera obtener el gobierno y cuánto pretende gastar. Ahí aparecen la recaudación, los ingresos petroleros, derechos, aprovechamientos y también el endeudamiento necesario para cubrir aquello que los ingresos ordinarios no alcanzan a financiar.
Por eso la primera lectura ciudadana debe hacerse desde el bolsillo. ¿Habrá modificaciones fiscales? ¿Cambiarán impuestos especiales? ¿Aumentarán derechos? ¿Se fortalecerá la fiscalización? ¿Existirán nuevas medidas contra la evasión? ¿Qué ocurrirá con combustibles?
Hasta ahora el Gobierno federal ha adelantado acciones para combatir la evasión, entre ellas una mayor trazabilidad del IEPS aplicado a gasolinas y diésel. También han circulado propuestas legislativas relacionadas con gravámenes a determinados productos, pero mientras el paquete no sea presentado formalmente sería irresponsable convertirlas en impuestos aprobados.
Y existe otra trampa: creer que solamente nos afecta aquello que aparece bajo la palabra impuesto. Un cambio en combustibles puede trasladarse al transporte y posteriormente a mercancías. Un derecho puede modificar el costo de un trámite. Una mayor fiscalización puede afectar directamente la operación de pequeños negocios. La política fiscal acaba encontrando caminos para llegar hasta la economía cotidiana.
LO QUE EL GOBIERNO DEJE DE PAGAR TAMBIÉN PUEDE TERMINAR PAGÁNDOLO USTED
La otra mitad del paquete es el gasto y probablemente sea todavía más importante para una familia. No basta conocer cuánto gastará el Gobierno de Claudia Sheinbaum; hay que mirar dónde colocará el dinero y, especialmente, dónde dejará de colocarlo.
Un recorte presupuestal puede convertirse en algo perfectamente reconocible. Menos capacidad en salud puede terminar significando comprar de manera particular un medicamento. Menor mantenimiento carretero puede convertirse en un automóvil averiado. Insuficiente inversión hidráulica puede significar problemas de abastecimiento. Recursos limitados para seguridad pueden sentirse en una patrulla que tarda o en una corporación sin equipamiento suficiente.
También existen beneficios directos. Pensiones, becas y programas sociales representan dinero que efectivamente entra en millones de hogares. Más inversión en hospitales, escuelas, carreteras, agua o energía puede traducirse en mejores servicios, empleo y actividad económica.
Ahí estará una de las grandes discusiones de 2027: México tiene compromisos enormes que prácticamente no puede eludir. Pensiones, programas sociales, participaciones a los estados, educación, salud, costo financiero de la deuda y las necesidades de Pemex consumen una parte considerable del presupuesto antes de comenzar a repartir dinero para nuevas prioridades.
Por eso una cifra gigantesca de gasto no necesariamente significa que exista abundancia.
GUANAJUATO TAMBIÉN TENDRÁ QUE HACER SUS CUENTAS
Para quienes vivimos en Guanajuato habrá otra lectura indispensable. Cuando aparezca la cantidad de recursos federales destinados al estado tendremos que separar cuidadosamente las bolsas.
Una cosa son las participaciones federales que corresponden mediante fórmulas; otra, las aportaciones etiquetadas para determinados servicios; y otra muy diferente la inversión que el Gobierno federal decida realizar directamente en carreteras, agua, hospitales, seguridad o infraestructura.
Meter todo en una misma cantidad y anunciar que “la Federación entregará tantos miles de millones a Guanajuato” puede producir una fotografía políticamente conveniente, pero presupuestalmente engañosa.
La verdadera pregunta será cuánto recibirá Guanajuato comparado con 2026, cuánto representa después de descontar inflación y qué nuevas obras aparecen realmente para el estado.
Y todavía queda una cuenta que frecuentemente escondemos debajo de la mesa: la deuda.
Cuando los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos, alguien presta la diferencia. No toda deuda es mala; puede financiar infraestructura capaz de producir beneficios durante décadas. El problema comienza cuando pedir prestado deja de ser excepcional y se convierte en la manera cotidiana de completar el gasto.
Eso también lo paga el ciudadano, aunque nunca reciba una factura con su nombre.
Por eso el Paquete Económico no debería interesarnos solamente para saber cuánto gastará Claudia Sheinbaum.
Hay que leerlo buscando cuánto nos cobrarán, cuánto nos devolverán en servicios, cuánto invertirán donde vivimos y cuánto dejarán pendiente para mañana.
Porque los gobiernos elaboran presupuestos.
Pero quienes finalmente viven sus aciertos, pagan sus errores y cubren sus deudas somos nosotros.
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