Hay un instante, justo antes de que el vagón comience a descender, en el que todo parece detenerse. El ruido del mecanismo se mezcla con los gritos de quienes esperan la caída y, durante unos segundos, la adrenalina ocupa todo el espacio. Cada 16 de agosto se celebra el Día Internacional de la Montaña Rusa, …
Día Internacional de la Montaña Rusa: un viaje de adrenalina con más de un siglo de historia.

Hay un instante, justo antes de que el vagón comience a descender, en el que todo parece detenerse. El ruido del mecanismo se mezcla con los gritos de quienes esperan la caída y, durante unos segundos, la adrenalina ocupa todo el espacio.
Cada 16 de agosto se celebra el Día Internacional de la Montaña Rusa, una fecha dedicada a reconocer la historia y evolución de una de las atracciones más populares de los parques de diversiones.
La celebración tiene como referencia un momento clave en el desarrollo de estas estructuras. En 1898, Edwin Prescott registró la patente del “Loop the Loop”, uno de los primeros diseños que incorporaron un bucle vertical, elemento que posteriormente se convertiría en uno de los símbolos de las montañas rusas modernas.
De los trineos de hielo a las grandes estructuras
Aunque las montañas rusas actuales parecen pertenecer por completo al mundo de la tecnología y la ingeniería, sus orígenes se remontan varios siglos atrás.
La historia suele llevar la mirada hasta Rusia en el siglo XVII, donde surgieron los llamados juegos de hielo. Durante el invierno, enormes rampas congeladas permitían a las personas deslizarse en trineos a gran velocidad.
Aquellas experiencias, inicialmente asociadas con el entretenimiento invernal, fueron evolucionando con el tiempo hasta convertirse en estructuras mecánicas cada vez más complejas.
Con la incorporación de sistemas de rieles, mecanismos de elevación y diseños capaces de generar caídas, curvas, giros y posteriormente inversiones, las montañas rusas terminaron conquistando los parques de diversiones alrededor del mundo.
Una celebración para los amantes de la adrenalina
El Día Internacional de la Montaña Rusa fue impulsado por American Coaster Enthusiasts, una organización dedicada a preservar y promover la historia de estas atracciones.
Durante la celebración, algunos parques de diversiones organizan actividades, promociones y experiencias especiales, mientras los aficionados aprovechan la fecha para recordar sus recorridos favoritos, compartir fotografías y hablar de las montañas rusas que han dejado huella en la historia del entretenimiento.
La evolución de estas atracciones ha sido notable. De las antiguas rampas de hielo se pasó a estructuras capaces de superar grandes alturas, alcanzar velocidades considerables y someter a sus pasajeros a giros y fuerzas que convierten cada recorrido en una experiencia distinta.
La adrenalina también tiene espacio en la Ciudad de México
En la Ciudad de México, la celebración encuentra un escenario en parques como Aztlán, donde los visitantes pueden experimentar atracciones diseñadas para poner a prueba los nervios y la emoción.
Entre ellas se encuentra Serpentikah, una de las propuestas que forman parte de la oferta de entretenimiento del parque y que se suma al espíritu de esta jornada dedicada a los amantes de las emociones fuertes.
Más allá de subir a una atracción, la fecha también permite conocer la historia detrás de estructuras que combinan entretenimiento, ingeniería y creatividad.
Cada riel, caída y curva es resultado de décadas de evolución tecnológica destinadas a producir una sensación aparentemente sencilla, pero poderosa: ese instante de libertad que aparece cuando el vagón deja de subir y comienza a caer.
Así, cada 16 de agosto, las montañas rusas celebran mucho más que su popularidad. También recuerdan una historia que comenzó con trineos de hielo, continuó con innovaciones mecánicas y terminó convirtiéndose en una de las experiencias más reconocibles de los parques de diversiones.
Para quienes disfrutan la velocidad y la adrenalina, es una fecha perfecta para hacer lo que mejor saben: subir, abrocharse el cinturón y dejar que la montaña haga el resto.
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