El asesinato de Claudia Tacoronte, estudiante española de intercambio, se suma a los casos de Kimberly Ramos, Karol Toledo y Michelle Fuentes; la Fiscalía investiga el nuevo crimen como feminicidio.
La muerte de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que realizaba una estancia académica en Morelos, volvió a encender las alarmas dentro y fuera de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM).
La joven, originaria de Canarias y estudiante de Educación Infantil en la Universidad de Granada, llevaba alrededor de un mes en México cuando fue asesinada en Cuautla, después de acudir a una actividad relacionada con plantas medicinales. La Fiscalía de Morelos investiga el caso bajo el protocolo de feminicidio y mantiene abiertas las líneas de investigación.
Su asesinato ocurre después de una cadena de muertes violentas que ha marcado a la comunidad universitaria durante 2026. Kimberly Ramos, Karol Toledo y Michelle Itzayana Fuentes, también vinculadas con la UAEM, fueron asesinadas en los meses anteriores.
Son cuatro nombres en siete meses. Cuatro historias interrumpidas y una comunidad universitaria que vuelve a preguntarse hasta dónde llegan los riesgos que enfrentan sus estudiantes.
Kimberly: la desaparición que movilizó al campus
El caso que abrió esta cadena de tragedias fue el de Kimberly Ramos, estudiante de 18 años, cuya desaparición en febrero provocó una fuerte movilización de la comunidad universitaria.
La joven fue vista por última vez en las inmediaciones del campus de Chamilpa, en Cuernavaca. Durante los días posteriores, estudiantes tomaron los accesos de la universidad, ocuparon la rectoría y exigieron respuestas a las autoridades.
Después de 11 días de búsqueda, la Fiscalía confirmó el hallazgo de su cuerpo en un polígono ubicado a las afueras de Cuernavaca.
Por el feminicidio fue detenido y vinculado a proceso un alumno de la propia universidad, identificado como Jared Alejandro “N”, luego de que en su domicilio fueran encontrados objetos pertenecientes a Kimberly.
Pero el caso no cerró la herida. Apenas se conocía el desenlace de esa desaparición cuando otra estudiante dejó de ser localizada.
Karol: otra desaparición, otra marcha
Karol Toledo, también de 18 años y estudiante de Enfermería, desapareció en Mazatepec. Sus compañeros volvieron a salir a las calles, esta vez vestidos de blanco, para exigir que fuera localizada.
La familia acudió a la universidad para agradecer el respaldo de los estudiantes. “No están solos”, respondieron desde la comunidad académica.
Poco después, el cuerpo de Karol fue localizado en Coatetelco, a unos kilómetros del sitio donde había desaparecido.
El caso provocó nuevamente indignación dentro de la UAEM, pero, de acuerdo con la información disponible, no se han reportado públicamente detenciones relacionadas con este crimen.
Michelle: el tercer caso
En mayo desapareció Michelle Itzayana Fuentes Calderón, estudiante de preparatoria. Tenía 15 años y había salido de su domicilio en Yautepec para comprar material escolar.
Su cuerpo fue localizado días después en Tepoztlán.
Con cada caso, el reclamo de la comunidad universitaria volvió a repetirse: seguridad, investigación y justicia.
Sin embargo, la sucesión de asesinatos terminó convirtiéndose en un problema que trascendió las instalaciones universitarias y puso nuevamente bajo escrutinio las condiciones de seguridad en Morelos.
Claudia: el crimen que cruzó fronteras
Claudia Tacoronte llegó a México como parte de un programa de movilidad académica entre la Universidad de Granada y la UAEM. La joven acudió el sábado a una actividad sobre plantas medicinales en Cuautla y posteriormente fue víctima de una agresión con arma blanca en las inmediaciones de la Casa de la Cultura.
La Universidad de Granada condenó el asesinato y expresó su solidaridad con la familia. También convocó a su comunidad a guardar un minuto de silencio en memoria de la estudiante.
El impacto del caso llegó hasta España. La Universidad de Granada decidió cancelar la estancia de tres estudiantes españoles que tenían previsto trasladarse a Morelos, mientras que otros estudiantes españoles que actualmente se encuentran en México recibieron la posibilidad de regresar.
El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, también exigió el esclarecimiento de los hechos.
Una universidad bajo presión
La UAEM manifestó su indignación y pidió una investigación inmediata, exhaustiva y con perspectiva de género. La institución informó que activó sus protocolos y mantiene comunicación con la familia de Claudia, la Universidad de Granada y las autoridades consulares españolas.
El caso ocurre, además, en un estado donde las autoridades han desplegado estrategias especiales de seguridad. El Gobierno federal informó en julio de una reducción en el promedio diario de homicidios dolosos en Morelos y destacó el despliegue del Plan Morelos; en Cuautla también opera un dispositivo de seguridad con participación de fuerzas federales, estatales y municipales.
Pero esas cifras contrastan con una preocupación específica: la violencia que enfrentan las mujeres y, en este caso, jóvenes vinculadas con una institución educativa.
Cuatro nombres que no deberían convertirse en una estadística
Kimberly, Karol, Michelle y Claudia llegaron a la universidad con historias diferentes, proyectos propios y expectativas sobre su futuro. Tres eran estudiantes mexicanas; una había llegado desde España para estudiar en Morelos.
Sus asesinatos vuelven a colocar sobre la mesa una pregunta que rebasa a la universidad: ¿qué condiciones de seguridad existen para que las jóvenes puedan estudiar, trasladarse y desarrollar su vida cotidiana sin convertirse en víctimas de violencia?
El asesinato de Claudia ha vuelto a abrir heridas que seguían sin cerrarse. Y mientras la Fiscalía busca esclarecer este nuevo crimen, la comunidad universitaria enfrenta nuevamente el mismo desafío: que la indignación no termine cuando las protestas desaparezcan y que cada uno de estos casos encuentre justicia.

