El país necesita dejar atrás la sustentabilidad como discurso y convertirla en una práctica cotidiana. Para Carlos Jesús Gómez Flores, la gestión del agua, el manejo de residuos y la educación ambiental son algunos de los principales retos para construir un desarrollo verdaderamente sostenible. Hablar de sustentabilidad se ha vuelto cada vez más frecuente en …
México enfrenta una deuda ambiental: agua y residuos, los grandes desafíos de la sustentabilidad.

El país necesita dejar atrás la sustentabilidad como discurso y convertirla en una práctica cotidiana. Para Carlos Jesús Gómez Flores, la gestión del agua, el manejo de residuos y la educación ambiental son algunos de los principales retos para construir un desarrollo verdaderamente sostenible.
Hablar de sustentabilidad se ha vuelto cada vez más frecuente en México. Está presente en discursos políticos, campañas empresariales, proyectos turísticos y estrategias de comunicación. Sin embargo, convertir esas palabras en acciones concretas continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes.
Así lo plantea Carlos Jesús Gómez Flores, director general de la Fundación Mundo Sustentable A.C., quien, durante una entrevista con Conexión Turística, llamó a replantear la relación que la sociedad mantiene con los recursos naturales.
Con más de dos décadas de experiencia en conservación ambiental, educación y fortalecimiento comunitario, el especialista considera que uno de los principales problemas es que la sustentabilidad todavía se percibe, en numerosos sectores, como una tendencia o una expresión de moda.
“La sustentabilidad sí es una moda”, reconoce Gómez Flores, al tiempo que advierte que también forma parte de la jerga política y empresarial sin que necesariamente exista un conocimiento profundo sobre lo que implica.
Para el especialista, el desafío consiste precisamente en pasar del discurso a la vida cotidiana.
Sustentabilidad: una forma de vivir
La sostenibilidad, explica, no puede reducirse a programas ambientales, campañas de reciclaje o acciones aisladas de responsabilidad social.
Implica revisar cómo se consume, cómo se produce, cómo se distribuyen los bienes y cómo se utilizan los recursos naturales.
“La sustentabilidad está instalada en las prácticas de vida: cómo consumimos, cómo producimos, cómo distribuimos y cómo compartimos”, sostiene.
Desde esta perspectiva, el cambio comienza con una transformación cultural. Gómez Flores considera indispensable impulsar procesos permanentes de educación ambiental que permitan recuperar prácticas vinculadas con el no desperdicio, el reciclaje, la economía circular y el aprovechamiento responsable de los recursos.
La cultura ambiental, señala, no debería limitarse a campañas ocasionales, sino convertirse en un comportamiento cotidiano.
“Cultura es aquello que hacemos cuando nadie nos está viendo”, resume.
El agua, una deuda que crece
Entre los problemas más urgentes identifica la gestión del agua.
México enfrenta un escenario en el que la disponibilidad y el aprovechamiento responsable del recurso requieren mayor capacidad de adaptación. Para Gómez Flores, existe un problema serio de resiliencia hídrica, no sólo en el país, sino a escala global.
La respuesta, advierte, no puede recaer exclusivamente en las autoridades.
Gobiernos, empresas, universidades, organizaciones civiles y ciudadanos deben participar en la construcción de soluciones. Cada sector tiene responsabilidades distintas, pero todos forman parte del mismo problema.
“La cancha es de todos”, afirma.
La frase resume una de las ideas centrales de su planteamiento: la sustentabilidad necesita una gobernanza compartida, en la que las decisiones ambientales no sean responsabilidad exclusiva del gobierno.
Residuos: el otro gran desafío
El manejo de los residuos sólidos urbanos representa otro de los pendientes que México debe atender.
Para el especialista, no basta con generar sistemas para recoger y trasladar la basura. El reto comienza mucho antes: en la forma en que se producen, consumen y desechan los bienes.
La reducción del desperdicio, la reutilización de materiales y el reciclaje deben integrarse a una visión de economía circular que permita disminuir la presión sobre los recursos naturales.
En ese proceso, la educación vuelve a ocupar un papel central. La transformación ambiental no puede depender únicamente de infraestructura o reglamentos si la sociedad mantiene hábitos de consumo y disposición de residuos poco responsables.
El riesgo del greenwashing
Gómez Flores también cuestiona una práctica cada vez más frecuente: el llamado greenwashing, mediante el cual empresas u organizaciones proyectan una imagen ambientalmente responsable sin que sus acciones tengan necesariamente un impacto equivalente.
El problema, explica, aparece cuando la sustentabilidad se convierte principalmente en una herramienta de comunicación o posicionamiento.
Aunque reconoce que existe un creciente interés empresarial por incorporar criterios ambientales, considera necesario distinguir entre las acciones auténticas y aquellas que se limitan a construir una imagen “verde”.
“Necesitamos resignificar lo verdaderamente importante en la vida: el cuidado del recurso natural y el manejo responsable de nuestros residuos.”
Teotihuacán: llevar la sustentabilidad al territorio
En este contexto se ubica la alianza con Valle de los Dioses, Teotihuacán hacia el Mundo, proyecto que, de acuerdo con Gómez Flores, busca llevar los principios de sustentabilidad a un espacio vinculado con uno de los principales patrimonios culturales de México.
El convenio plantea la posibilidad de conectar el proyecto con organismos internacionales, universidades, especialistas y experiencias desarrolladas durante años por la Fundación Mundo Sustentable.
La intención, señala el especialista, es evitar que la sustentabilidad permanezca en el terreno de las declaraciones y convertirla en una práctica vinculada con el territorio.
Turismo: del número de visitantes al bienestar
La discusión adquiere especial relevancia para la industria turística. El modelo tradicional, centrado principalmente en incrementar el número de visitantes, comienza a ser acompañado por nuevas exigencias: conservación de los recursos naturales, protección del patrimonio, bienestar comunitario y aprovechamiento responsable del territorio.
En este escenario, Valle de los Dioses podría convertirse en una experiencia relevante en torno al patrimonio cultural mexicano, particularmente si logra integrar desarrollo turístico, conservación ambiental y participación de las comunidades.
La tendencia internacional apunta hacia destinos que no sólo buscan atraer visitantes, sino demostrar que pueden hacerlo sin comprometer los recursos que les dan identidad y valor.
Para Gómez Flores, ese es precisamente el desafío que enfrenta México: dejar de considerar la sustentabilidad como una tendencia pasajera y convertirla en una forma cotidiana de vivir, producir y desarrollar los territorios.
La deuda ambiental, en ese sentido, no se salda únicamente con grandes proyectos. También comienza en las decisiones diarias: cada litro de agua que se cuida, cada residuo que se aprovecha y cada recurso natural que se protege forman parte de la misma transformación.
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