Nuevo derrame de hidrocarburo activa vigilancia permanente en el Golfo de México

Una fuga en un ducto de Pemex, al norte de Ciudad del Carmen, movilizó a 255 elementos de la Marina y puso nuevamente a prueba el sistema de monitoreo creado tras el derrame de febrero.

Apenas unos meses después de que un derrame de hidrocarburo afectara cientos de kilómetros de litoral en el Golfo de México, un nuevo incidente en instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) volvió a activar los mecanismos de vigilancia y respuesta ambiental en la región.

La mañana del 10 de septiembre, el Observatorio Permanente del Golfo de México reportó un nuevo incidente ocurrido en instalaciones petroleras ubicadas a unas 46 millas náuticas al norte de Ciudad del Carmen, Campeche. El aviso activó el esquema de observación continua y los modelos de pronóstico destinados a seguir la evolución de posibles derrames.

Horas después, a las 6:45 de la mañana, la Secretaría de Marina (Semar) activó el Plan Local de Contingencias mediante el Grupo Regional de Atención y Manejo de Emergencias, con sede en Ciudad del Carmen.

El despliegue incluyó la Patrulla Oceánica ARM Guanajuato, cuatro embarcaciones adicionales, dos aeronaves y 255 elementos navales, quienes se incorporaron a las labores de contención emprendidas por Pemex.

De acuerdo con los primeros reportes, personal de la petrolera identificó una fuga en un ducto y trabaja para contenerla. Por su parte, la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) realizará un sobrevuelo para documentar las labores de contención, limpieza y reparación.

Los satélites siguen la trayectoria de la mancha

El incidente también puso en funcionamiento una de las principales herramientas del Observatorio: el seguimiento satelital.

Hasta el momento se han emitido cuatro reportes de observación, elaborados a partir de imágenes de Radar de Apertura Sintética y datos multiespectrales. Esta información permite a los especialistas seguir la evolución y estimar la extensión de la mancha prácticamente en tiempo real.

Los modelos de pronóstico de deriva coinciden, hasta ahora, en un desplazamiento neto hacia el oeste durante los próximos cinco días.

Las simulaciones señalan que, bajo las condiciones actuales, es poco probable que el hidrocarburo alcance la costa o alguna zona considerada sensible durante ese periodo. Sin embargo, los especialistas mantienen abierta la posibilidad de que un frente frío en los próximos diez días modifique la trayectoria de la mancha.

Por ello, las labores técnicas continuarán con vigilancia satelital diaria, actualización de los modelos de deriva y coordinación entre Semar, Pemex y ASEA para mantener las acciones de contención mar adentro.

Un observatorio creado después de una emergencia

La existencia de este sistema de vigilancia tiene como antecedente otro derrame de gran magnitud ocurrido este mismo año.

El Observatorio Permanente del Golfo de México fue creado por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum después del derrame registrado en febrero, con la finalidad de establecer un mecanismo científico e interinstitucional capaz de detectar, monitorear y responder con mayor rapidez ante contingencias ambientales.

La coordinación quedó a cargo de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), que articula un grupo integrado por Semar, Semarnat, Sener, ASEA, Pemex, Profepa, Conapesca y autoridades estatales y municipales.

El modelo incorpora boyas oceanográficas, estaciones meteorológicas, mareógrafos y tecnología satelital, herramientas destinadas a generar información que permita anticipar el comportamiento de contaminantes en el mar y mejorar la respuesta de las instituciones.

Durante las labores posteriores al derrame anterior, las autoridades reportaron que de las 48 playas monitoreadas, 32 ya se encontraban libres de arribazón de hidrocarburo, con avances particularmente importantes en Tabasco y Veracruz.

En estas tareas también participan instituciones académicas como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma de Baja California y el CICESE.

El antecedente que encendió las alertas

El derrame de febrero tuvo su origen, de acuerdo con la investigación realizada por Pemex, en un oleoducto de 36 pulgadas del complejo Abkatún-Pol-Chuc, cuya avería fue detectada el 6 de febrero.

La investigación interna documentó, entre otros elementos, inconsistencias en los reportes operativos y un retraso de varios días en el cierre total de la válvula principal. También se revisaron las bitácoras de ocho embarcaciones y se contrastó esa información con registros satelitales.

Otro de los hallazgos señalados fue la recuperación de aproximadamente 350 metros cúbicos de agua oleosa en las barreras de contención, cuya existencia no habría sido reportada inicialmente de manera adecuada.

El entonces director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, reconoció que la existencia de la fuga había sido negada inicialmente por áreas operativas, incluso cuando ya se registraban arribazones de hidrocarburo en las costas del Golfo.

A raíz de la investigación, Pemex informó la destitución de tres funcionarios: el subdirector de Seguridad, Salud en el Trabajo y Protección Ambiental, el coordinador de Control Marino y el líder de Derrames y Residuos. La empresa también presentó denuncias ante la Fiscalía General de la República (FGR) y la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno para determinar responsabilidades.

Un nuevo incidente bajo vigilancia

Aquel derrame terminó convirtiéndose en un punto de inflexión para la vigilancia ambiental del Golfo. Las autoridades reportaron afectaciones a aproximadamente 630 kilómetros de costa en Tamaulipas, Veracruz y Tabasco, además de la recolección de más de 915 toneladas de residuos contaminantes.

Ahora, con un nuevo incidente mar adentro, el Observatorio Permanente enfrenta una de sus primeras pruebas relevantes desde su creación: detectar la evolución de la mancha, anticipar su trayectoria y mantenerla alejada de las costas y ecosistemas sensibles.

La diferencia esta vez está precisamente en la infraestructura científica y operativa que nació a partir de aquella emergencia. El reto será demostrar que la vigilancia permanente puede traducirse en una respuesta más rápida y, sobre todo, en una menor afectación ambiental.

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