El proyecto Tucson 5 contempla unos 100 kilómetros de barrera fronteriza en una zona de importancia cultural para el pueblo Tohono O’odham, que acusa afectaciones a su soberanía, sitios sagrados y ecosistemas. El Gobierno de EU defiende la obra como una medida de seguridad.
La construcción de un nuevo tramo del muro fronterizo entre Estados Unidos y México volvió a abrir una disputa en Arizona. La administración del presidente Donald Trump reactivó los trabajos del proyecto denominado Tucson 5, mientras la Nación Tohono O’odham mantiene su rechazo por considerar que la obra amenaza sus tierras, su cultura y el equilibrio ambiental de la región.
El proyecto contempla levantar aproximadamente 100 kilómetros de barrera fronteriza dentro de una zona históricamente vinculada con esta comunidad indígena.
Para el gobierno estadounidense, la obra busca reforzar la vigilancia y cerrar uno de los corredores que, de acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), son utilizados para el tráfico de drogas y el ingreso irregular de personas.
Para la Nación Tohono O’odham, en cambio, la pregunta es otra: ¿por qué construir un nuevo muro en un territorio donde las detenciones migratorias han disminuido de manera considerable?
Un muro que atraviesa una tierra ancestral
La Nación Tohono O’odham comparte una frontera que hoy divide Arizona y México, pero para sus integrantes esa línea internacional no corresponde con los vínculos históricos de su pueblo.
Durante generaciones, miembros de la comunidad han cruzado de un lado a otro para participar en ceremonias religiosas, peregrinaciones y reuniones familiares.
Por ello, la construcción de una barrera física representa, según la comunidad, una nueva dificultad para mantener prácticas culturales que preceden a la actual frontera.
El presidente del territorio tribal, Verlon José, resumió la postura de la Nación Tohono O’odham al señalar que la protección de su tierra forma parte de una responsabilidad histórica de la comunidad.
“Siempre hemos protegido nuestra tierra, nuestra comunidad, mucho antes de que esta nación fuera establecida y aún hoy nuestro deber es seguir protegiendo la tierra”, afirmó.
La tribu también advierte que la infraestructura podría afectar sitios ceremoniales y cementerios ancestrales, considerados espacios de especial importancia para su pueblo.
Una disputa que llegó a los tribunales
La Nación Tohono O’odham presentó una demanda para intentar frenar el proyecto, argumentando que la construcción de una barrera de doble capa de acero y concreto, de aproximadamente 9.1 metros de altura, afectaría su soberanía y alteraría sus terrenos.
Sin embargo, el pasado agosto una jueza federal en Washington falló contra la tribu al considerar que no había demostrado que el Gobierno de Trump estuviera violando su soberanía.
La resolución tomó en cuenta un decreto emitido en 1907 por el entonces presidente Theodore Roosevelt, mediante el cual se estableció una franja de terreno de aproximadamente 18.3 metros de ancho a lo largo de la frontera con México, considerada de uso federal para actividades relacionadas con la vigilancia y combate al narcotráfico.
Tras el fallo judicial, contratistas y agentes armados de CBP ingresaron a finales de agosto en territorio tribal para comenzar trabajos relacionados con el proyecto.
Actualmente, de acuerdo con la autoridad fronteriza, se realizan labores de medición y toma de muestras de suelo, mientras maquinaria pesada ya se encuentra en la zona.
CBP defiende la obra por seguridad
El comisionado de CBP, Rodney Scott, anunció la reactivación del proyecto Tucson 5 y sostuvo que la nueva infraestructura permitirá reforzar el control de uno de los corredores utilizados para actividades ilícitas.
La postura contrasta con la de los líderes Tohono O’odham, quienes aseguran que la comunidad ha colaborado durante años con el gobierno federal en la vigilancia de la frontera y ha permitido la presencia de agentes de la Patrulla Fronteriza.
José sostiene que el argumento de seguridad no justifica la construcción de la barrera debido a la caída de los arrestos migratorios registrados en el sector.
“En los últimos dos años los arrestos se han reducido en un 95%, no vemos por qué la necesidad ahora de construir el muro”, enfatizó.
Quitobaquito, otro punto de preocupación
La controversia también alcanza al manantial de Quitobaquito, ubicado al sur de Arizona.
Aunque el sitio se encuentra fuera del territorio indígena, tiene un profundo significado cultural para los Tohono O’odham, quienes lo consideran un lugar sagrado.
Además de su importancia espiritual, el área posee relevancia ambiental. Su laguna se encuentra en terrenos federales y funciona como refugio para especies amenazadas, entre ellas la tortuga de Sonoyta y el pez pupo de Quitobaquito.
La preocupación de la comunidad es que las obras de infraestructura fronteriza puedan alterar espacios cuya importancia trasciende los límites políticos y administrativos actuales.
“No se trata solamente de un muro”
La disputa también ha recibido respaldo político. La congresista de Arizona Adelita Grijalva, junto con otros legisladores demócratas, ha solicitado a CBP detener los trabajos.
“Esto no se trata de la construcción de un muro o de seguridad nacional, se trata de la violación de los derechos de la Nación Tohono O’odham, su cultura y sus sitios ancestrales”, declaró Grijalva.
Mientras tanto, la comunidad mantiene abierta su batalla legal y ha apelado la decisión judicial.
En el territorio, integrantes de la Nación Tohono O’odham observan los trabajos de los contratistas y agentes fronterizos. Algunos realizan ceremonias pacíficas durante las noches, como una forma de expresar su rechazo a una obra que consideran incompatible con la protección de sus tierras y tradiciones.
La disputa refleja uno de los dilemas más complejos de la política fronteriza estadounidense: la búsqueda de mayor seguridad frente al reconocimiento de los derechos territoriales, culturales y ambientales de los pueblos indígenas.
Para los Tohono O’odham, el muro no es únicamente una estructura de acero y concreto. Es una nueva barrera sobre una tierra que, mucho antes de que existiera la frontera entre México y Estados Unidos, ya tenía un significado propio.

