Miles de trabajadores se enfrentaron con la policía en Daca y otros centros industriales para exigir que el salario mínimo mensual pase de 12 mil 500 a 30 mil takas. Las movilizaciones paralizaron cientos de fábricas y pusieron bajo presión a una industria clave para las exportaciones del país.
Las protestas de trabajadores de la industria textil de Bangladés llegaron a su tercer día este lunes 2 de noviembre, con nuevos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Daca, Ashulia y Gazipur. Los empleados exigen mejorar sus ingresos ante el encarecimiento del costo de vida, mientras las movilizaciones mantienen en alerta a uno de los sectores exportadores más importantes del país.
El conflicto comenzó el sábado en Ashulia, una zona industrial ubicada en las afueras de la capital, donde decenas de fábricas suspendieron sus operaciones. Un día después, miles de trabajadores bloquearon carreteras en Daca y Gazipur, interrumpieron la circulación en corredores industriales y provocaron el cierre de 529 plantas, de acuerdo con la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Prendas de Bangladés (BGMEA).
Durante las manifestaciones del domingo, la policía utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los inconformes, algunos de los cuales respondieron lanzando piedras y ladrillos. También se desplegaron elementos de la Guardia Fronteriza de Bangladés en zonas industriales para reforzar la seguridad.
Aunque las fábricas reabrieron el lunes después de los cierres generalizados, las protestas continuaron y se registraron nuevos choques con las autoridades. Reuters informó que los enfrentamientos obligaron a suspender nuevamente actividades en plantas de distintas zonas industriales, lo que incrementó la preocupación por posibles retrasos en los envíos internacionales.
Trabajadores piden más del doble del salario mínimo
La principal demanda de los empleados es elevar el salario mínimo mensual de 12 mil 500 a 30 mil takas, equivalentes a aproximadamente 243 dólares. Los trabajadores argumentan que sus ingresos actuales son insuficientes para cubrir gastos básicos como vivienda, alimentación, transporte, atención médica y educación de sus hijos.
«El costo de vida ha aumentado mucho más allá de nuestros ingresos. Después de pagar el alquiler, queda muy poco para la comida, la educación de nuestros hijos y otros gastos esenciales», expresó uno de los manifestantes, citado en los reportes de Reuters.
Según cifras de la BGMEA, las movilizaciones del domingo afectaron a cerca de 987 mil 190 trabajadores en los principales centros industriales del país.
Ante la magnitud del conflicto, el Gobierno anunció la creación de una junta salarial de seis integrantes para revisar las condiciones de remuneración del sector y evaluar las demandas de los trabajadores. Sin embargo, la medida no logró detener de inmediato las manifestaciones.
Fabricantes advierten riesgos para la industria
Los empresarios textiles consideran que un incremento salarial de esa magnitud podría elevar la presión sobre las compañías, que enfrentan mayores costos de producción, interrupciones en el suministro de gas y electricidad, incertidumbre en los mercados energéticos y una competencia internacional cada vez más intensa.
Salim Rahman, vicepresidente de la asociación de fabricantes, calificó de inviable la exigencia de elevar el salario mínimo a 30 mil takas y sostuvo que un aumento abrupto tendría consecuencias para las empresas que operan con márgenes reducidos.
Desde la representación laboral, Babul Akhter, secretario general de la Federación de Trabajadores de la Industria y la Confección de Bangladés e integrante de la junta salarial, defendió la necesidad de mejorar los ingresos y pidió que las marcas internacionales también asuman parte de la responsabilidad mediante precios de compra más justos.
El economista Selim Raihan, profesor de la Universidad de Daca, consideró que una revisión salarial gradual, acompañada de mejoras en la productividad y condiciones comerciales más equitativas, podría contribuir a equilibrar el bienestar de los trabajadores con la estabilidad de las empresas.
Por su parte, Mahmud Hasan Khan, presidente de la BGMEA, advirtió que, si las protestas obligan a cerrar nuevamente las fábricas, los empleadores podrían aplicar la disposición de «no hay trabajo, no hay pago», lo que dejaría sin ingresos a los trabajadores durante los días de suspensión.
El ministro del Interior, Salahuddin Ahmed, también advirtió que las autoridades responderán con firmeza contra quienes participen en actos violentos o, según sus declaraciones, busquen desestabilizar el país bajo el argumento de las protestas laborales.
Una industria clave para el comercio mundial
La disputa salarial tiene repercusiones que van más allá de las fronteras de Bangladés. El país es el segundo mayor exportador mundial de prendas de vestir, después de China, y abastece a importantes marcas internacionales como H&M, Zara, Walmart y Primark.
El sector textil emplea aproximadamente a cuatro millones de personas, genera más del 80 por ciento de los ingresos nacionales por exportaciones y representa alrededor del 10 por ciento de la producción económica del país.
Por ello, la continuidad de las movilizaciones genera preocupación entre fabricantes y compradores internacionales, ante el riesgo de retrasos en los pedidos y afectaciones a las cadenas de suministro.
Mientras el Gobierno busca encauzar la disputa mediante la nueva junta salarial, trabajadores y empresarios mantienen posiciones distantes sobre el incremento de las remuneraciones. El desafío será encontrar un acuerdo que responda al deterioro del poder adquisitivo de los empleados sin profundizar las dificultades que enfrenta una industria fundamental para la economía bangladesí.

