El encarecimiento de alimentos, rentas, electricidad y combustibles presiona las finanzas de los establecimientos, que buscan mantener precios accesibles para no perder clientes. Pequeños negocios tradicionales enfrentan además la competencia de comercios con tarifas más elevadas y el desplazamiento comercial en zonas urbanas.
Comer fuera de casa se ha vuelto más costoso y, para los restaurantes mexicanos, mantener las puertas abiertas representa un desafío cada vez mayor. Durante la primera quincena de octubre de 2026, la inflación anual en restaurantes y servicios de alojamiento alcanzó 6.16%, casi el doble del 3.62% registrado por el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).
El incremento en los precios de alimentos, rentas, electricidad y combustibles ha elevado los gastos de operación de los establecimientos, que enfrentan una difícil decisión: aumentar el precio de sus platillos o absorber parte de los costos para evitar que los consumidores reduzcan sus visitas.
La presión llega en un momento en que el sector todavía enfrenta dificultades para recuperar los niveles de afluencia previos a la pandemia. De acuerdo con un análisis de la plataforma Soft Restaurant, el número de comensales disminuyó cerca de 4% durante el primer semestre de 2026. Aunque los ingresos de los negocios han crecido desde 2022, ese comportamiento responde principalmente al encarecimiento de los menús y no a un incremento significativo en el número de visitantes.
Ignacio Alarcón Rodríguez, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), advirtió que algunos insumos registraron aumentos de hasta 40% durante los primeros seis meses del año, una variación que los establecimientos no han podido trasladar por completo a sus clientes.
Entre los productos que más presionan las finanzas del sector se encuentran las proteínas, verduras, bebidas y materiales de empaque, además de los gastos relacionados con el funcionamiento cotidiano de los negocios.
Mantener precios accesibles, el desafío de los pequeños restaurantes
Para los establecimientos tradicionales, el problema no se limita al incremento de las materias primas. También deben competir en mercados donde conviven negocios populares con restaurantes de mayor poder adquisitivo.
Luis Bustos, socio de un restaurante especializado en cochinita pibil y sopa de limón en la colonia Condesa, en la Ciudad de México, explicó que su estrategia consiste en conservar precios accesibles para atender principalmente a trabajadores y clientes que buscan opciones económicas.
“Busco manejar precios bajos, porque le tiro al rubro de los trabajadores”, comentó.
El empresario calcula que, durante el último año, sus materias primas se encarecieron entre 10% y 15%, pero trasladar ese incremento a los platillos podría significar perder parte de su clientela.
“Yo le calculo que, en el último año, la materia prima ha subido entre 10-15%, pero no se lo puedo trasladar a los precios, porque se me van los clientes a sitios más acomodados”, explicó.
Algunos productos básicos de la cocina mexicana también han registrado variaciones importantes. El jitomate presentó un aumento anual de 22.79% en la primera quincena de septiembre, aunque durante la primera mitad de octubre su incremento se moderó a 3%. La cebolla, por su parte, subió 23% en septiembre respecto al mismo mes de 2025.
A estas presiones se suman los aumentos de doble dígito en las rentas comerciales y la expectativa de un nuevo ajuste al salario mínimo en 2027, que algunas estimaciones sitúan entre 5% y 10%. Los negocios también enfrentan problemas de infraestructura y condiciones sanitarias que pueden elevar sus gastos y dificultar su permanencia.
La gentrificación también desplaza a la gastronomía tradicional
Otro de los factores que modifica el panorama para los pequeños establecimientos es la gentrificación comercial, un fenómeno que transforma la oferta de los barrios y puede desplazar a fondas, puestos de comida y restaurantes tradicionales ante la llegada de negocios con precios más elevados.
Guillermo Bernal, fundador de la organización civil Fundación Placemaking, explicó que este proceso afecta especialmente a los comercios que forman parte de la identidad gastronómica de las comunidades.
“Es decir, el desplazamiento de negocios de barrios, incluso siendo populares, por los puestos gourmet que vemos cada vez más”, señaló.
La organización desarrolla programas de apoyo económico y fortalecimiento de capacidades para pequeños negocios dedicados a la preparación y venta de alimentos, una actividad en la que numerosos establecimientos enfrentan dificultades para mantenerse abiertos.
Bernal también destacó la importancia de preservar la gastronomía tradicional mexicana como parte del patrimonio cultural del país.
“La tortilla, el tlacoyo, el sope, la memela: toda la comida del maíz que proviene del proceso de transformación de la calle, el mercado, el puesto, la fonda, y si lo pensamos, también del mercado de Tlatelolco, de Tenochtitlan [del México prehispánico], es ese patrimonio cultural inmaterial de nosotros los mexicanos, y hay que protegerlo”, expresó.
Inflación y turismo, bajo presión hacia el cierre de 2026
Las perspectivas económicas tampoco anticipan un alivio inmediato. Las previsiones de especialistas apuntan a que las presiones sobre los precios podrían mantenerse durante los últimos meses del año, con una inflación general cercana a 4% al cierre de 2026.
Entre los riesgos identificados se encuentran posibles incrementos en los combustibles derivados de las tensiones en Medio Oriente y afectaciones a la producción agrícola relacionadas con el fenómeno de El Niño.
Gerónimo Ugarte Bedwell, economista en jefe de la casa de bolsa Valmex, advirtió que la persistencia de los aumentos en los servicios dificulta una moderación más pronunciada de la inflación.
“La lectura de la inflación refuerza la necesidad de mantener cautela”, señaló.
El especialista agregó que el balance de riesgos continúa inclinado al alza, particularmente por posibles incrementos en los costos energéticos, cambios en los precios agropecuarios y la resistencia de la inflación en el sector servicios. Por ello, anticipó que los precios generales podrían mantener una trayectoria gradual ascendente hacia el cierre del año.
El comportamiento de los restaurantes también tiene implicaciones para la actividad turística, debido a que los servicios de preparación de alimentos, bares y centros nocturnos forman parte de las actividades vinculadas al Producto Interno Bruto Turístico. Este sector representa cerca de 9% del PIB nacional y constituye una fuente relevante de empleos e ingresos.
En ese contexto, el consumo asociado al Mundial de Futbol de 2026 fue considerado en las revisiones al alza de las expectativas de crecimiento económico para el cierre del año.
Mientras los costos continúan presionando sus operaciones, los restaurantes enfrentan el reto de conservar a sus consumidores sin comprometer la viabilidad de sus negocios. Para los establecimientos tradicionales, la dificultad es todavía mayor: además de resistir la inflación, deben encontrar la manera de preservar una oferta gastronómica que forma parte de la identidad cultural y económica de sus comunidades.

