El respaldo latino que ayudó a Donald Trump a regresar a la Casa Blanca podría estar comenzando a cambiar de rumbo. A menos de tres meses de las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026, distintas encuestas muestran un creciente descontento entre los votantes latinos y una ventaja de los demócratas que podría resultar …
El voto latino, otra vez en disputa: ¿puede Trump perder terreno en las elecciones de 2026?

El respaldo latino que ayudó a Donald Trump a regresar a la Casa Blanca podría estar comenzando a cambiar de rumbo. A menos de tres meses de las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026, distintas encuestas muestran un creciente descontento entre los votantes latinos y una ventaja de los demócratas que podría resultar decisiva en estados clave.
La pregunta ya no es solamente cuánto terreno ganó Trump entre los latinos en 2024, sino si esa coalición electoral será capaz de mantenerse unida en las elecciones que definirán la composición de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
El cambio resulta significativo si se observa la trayectoria reciente. En 2016, cuando Trump ganó por primera vez la Presidencia, apenas 28% de los votantes latinos respaldó al republicano, frente a 66% que apoyó a Hillary Clinton. Cuatro años después, Joe Biden obtuvo 61% del voto latino, aunque Trump elevó su respaldo hasta 36%.
En 2024, sin embargo, la distancia prácticamente desapareció. De acuerdo con datos del Pew Research Center, 48% de los votantes latinos apoyó a Trump y 51% a Kamala Harris. Para el entonces candidato republicano, se trató de un avance considerable frente a sus resultados anteriores.
Ahora esa tendencia enfrenta una prueba.
El desencanto comienza a aparecer
Una encuesta de UnidosUS realizada en abril de 2026 encontró que 25% de los latinos que habían votado por Trump afirmaba que, si la elección se celebrara en ese momento, votaría en contra del presidente. El porcentaje representa un aumento importante respecto del 13% registrado meses atrás.
El fenómeno adquiere especial relevancia porque las elecciones intermedias suelen tener una participación menor que las presidenciales. La decisión de los votantes que habitualmente se abstienen podría terminar siendo tan importante como sus preferencias partidistas.
Tres mediciones recientes apuntan, además, hacia una ventaja demócrata entre el electorado latino. Una encuesta de Florida International University ubicó la intención de voto en 57% para los demócratas y 29% para los republicanos, con 12% de indecisos.
El sondeo de Equis registró una diferencia de 54% contra 35%, mientras que la encuesta nacional de UnidosUS colocó a los demócratas al frente con 54%, frente a 27% para los republicanos y 19% de indecisos.
Los números todavía no garantizan una reversión definitiva, pero sí muestran un escenario distinto al de 2024.
Una batalla que se jugará estado por estado
El comportamiento del voto latino puede tener consecuencias especialmente importantes en estados como Arizona, Florida, Georgia, Texas y Carolina del Norte, donde las contiendas son competitivas y existe una presencia significativa de población latina.
La disputa también estará marcada por la redistritación. Los republicanos han impulsado modificaciones a los mapas electorales en distintos estados con el objetivo de fortalecer sus posibilidades de conservar o ampliar su representación.
Florida es uno de los casos más relevantes. El nuevo mapa electoral podría reducir hasta en cuatro los distritos con posibilidades favorables para los demócratas. El estado también celebrará una elección especial para ocupar el escaño del Senado que dejó vacante Marco Rubio tras incorporarse al gabinete de Trump como secretario de Estado.
Para los demócratas, la batalla por el Senado también pasa por mantener posiciones competitivas en Georgia y Michigan y buscar avances en Ohio, Texas, Carolina del Norte y Maine.
No todos los latinos votan igual
El comportamiento electoral de los latinos tampoco puede explicarse como un bloque uniforme. Las diferencias de identidad, origen, género y ubicación geográfica han influido en sus decisiones.
Los estudios del Pew Research Center muestran, por ejemplo, que los latinos que se identifican con su país de origen o como mexicano-estadounidenses respaldaron mayoritariamente a Harris en 2024. En contraste, quienes se identifican únicamente como estadounidenses se inclinaron en mayor medida por Trump.
También existió una marcada diferencia por género: los hombres latinos mostraron mayor respaldo al republicano, mientras que las mujeres apoyaron mayoritariamente a Harris.
A ello se suma el impacto de la economía y de las políticas migratorias. El deterioro de la aprobación presidencial y las deportaciones de inmigrantes indocumentados podrían estar modificando la percepción de sectores que en 2024 contribuyeron a ampliar la base electoral de Trump.
Pero entre los votantes latinos todavía existe un porcentaje considerable de indecisos y diferencias importantes entre estados, por lo que el resultado permanece abierto.
La incógnita: quién saldrá a votar
El verdadero desafío para ambos partidos podría encontrarse fuera de las encuestas: en las urnas.
Si los votantes latinos desencantados con Trump acuden a votar en noviembre, podrían transformar una ventaja demócrata que hoy aparece en los sondeos en resultados concretos para el Congreso. Pero si la participación permanece baja, las ventajas obtenidas por los republicanos mediante la redistritación podrían tener un mayor peso.
Por eso, el voto latino vuelve a convertirse en uno de los grandes territorios en disputa de la política estadounidense. Lo que ocurra en noviembre no sólo definirá quién tendrá mayor margen de maniobra durante la segunda mitad del mandato de Trump; también podría ofrecer una primera señal sobre la dirección que tomará el electorado rumbo a 2028.
En esta contienda, millones de votos podrían depender de una decisión aparentemente sencilla: salir o no salir a votar.
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