Iberoamérica concentra un tercio del agua dulce del planeta, pero millones de personas aún carecen de acceso seguro

Un informe del Observatorio La Rábida advierte que la abundancia de recursos hídricos no garantiza su distribución equitativa. En América Latina y el Caribe, 140 millones de personas no cuentan con agua potable gestionada de forma segura y 324 millones carecen de saneamiento en esas condiciones.

Iberoamérica posee cerca de una tercera parte del agua dulce renovable del planeta, una riqueza natural que contrasta con una realidad persistente: millones de personas todavía no tienen acceso seguro al agua potable y al saneamiento. A esta desigualdad se suma la presión creciente del cambio climático, que amenaza el abastecimiento, la producción de alimentos y la generación de energía.

Así lo advierte el informe Agua y cambio climático en Iberoamérica, elaborado por el Observatorio La Rábida de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático para Iberoamérica y presentado en el marco de la XXX Cumbre Iberoamericana. El documento analiza los desafíos de la región y plantea una agenda de acciones para fortalecer la seguridad hídrica frente a un escenario climático cada vez más complejo.

De acuerdo con el estudio, América Latina y el Caribe alcanzó en 2022 una cobertura del 97 por ciento en servicios básicos de agua potable. Sin embargo, esa cifra no refleja por sí sola las condiciones reales de acceso: alrededor de 140 millones de personas todavía no disponen de agua potable gestionada de manera segura, mientras que 324 millones carecen de servicios de saneamiento bajo ese mismo estándar.

Las diferencias también se reflejan en los indicadores de cobertura. El 78.9 por ciento de la población regional cuenta con agua potable gestionada sin riesgos y apenas el 51.2 por ciento tiene acceso a saneamiento seguro. El panorama evidencia que el reto no consiste únicamente en disponer de agua, sino en garantizar que llegue a todas las comunidades con calidad, continuidad y condiciones adecuadas.

El cambio climático también se mide en agua

El informe plantea que el cambio climático tiene una de sus expresiones más visibles en el comportamiento del agua: las sequías se prolongan, las precipitaciones intensas provocan inundaciones, los glaciares retroceden y los acuíferos enfrentan una presión creciente por la sobreexplotación.

Como referencia, señala que 2024 fue el primer año calendario en el que la temperatura media mundial superó los 1.5 grados Celsius respecto de los niveles preindustriales. Asimismo, indica que el 88 por ciento de los desastres registrados en América Latina y el Caribe durante las últimas tres décadas tuvo un origen relacionado con el agua.

Las inundaciones ocurridas en Valencia, España, y en Rio Grande do Sul, Brasil, durante 2024 ilustraron cómo los fenómenos hidrometeorológicos pueden generar afectaciones severas en distintos territorios. El documento también advierte sobre la necesidad de fortalecer la preparación ante episodios intensos de El Niño, debido a sus posibles efectos en el abastecimiento, la agricultura y la generación eléctrica.

Más allá de las condiciones climáticas, el estudio identifica un obstáculo institucional: dos de cada tres especialistas consultados señalaron la falta de gobernanza y coordinación entre autoridades como el principal desafío para alcanzar la seguridad hídrica, incluso por encima de la insuficiencia de datos o financiamiento.

Ante este escenario, propone que el agua deje de abordarse como un asunto exclusivo de las dependencias ambientales y se incorpore a las decisiones de sectores como energía, agricultura, salud y hacienda. También plantea fortalecer las instituciones responsables, garantizarles presupuesto y continuidad en sus políticas, así como incorporar criterios de igualdad de género.

Una brecha de inversión que exige nuevas soluciones

Otro de los puntos críticos es el financiamiento. Según el informe, la inversión pública regional en agua se ubica entre el 0.3 y el 0.5 por ciento del producto interno bruto, mientras que las necesidades estimadas alcanzan el 1.38 por ciento.

El documento también identifica niveles relevantes de presión sobre los recursos hídricos en países como México, España y República Dominicana, de acuerdo con el indicador 6.4.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, relacionado con el estrés hídrico.

Para atender estos desafíos, el Observatorio propone 20 acciones agrupadas en cuatro ejes: fortalecer la institucionalidad y la gobernanza del agua; desarrollar infraestructura resiliente y soluciones basadas en la naturaleza; impulsar información, capacitación, innovación y economía circular; y mejorar los mecanismos de financiamiento para pasar de proyectos aislados a estrategias nacionales de seguridad hídrica.

Entre las iniciativas planteadas destacan la creación de un Tablero Iberoamericano de Agua y Clima, la preparación conjunta ante fenómenos climáticos extremos y el desarrollo de carteras nacionales de proyectos para proteger los recursos hídricos.

Agua, energía y desarrollo: un desafío compartido

El vínculo entre agua y energía ocupa otro apartado relevante del estudio. La hidroelectricidad aporta cerca del 45 por ciento de la electricidad de América Latina y el Caribe, pero su dependencia de las precipitaciones la hace vulnerable a los periodos de sequía. Como ejemplo, el informe refiere que España registró una caída cercana al 40 por ciento en su producción hidroeléctrica durante el año seco de 2022.

La transición energética también plantea nuevas exigencias. Las fuentes renovables, la minería de minerales críticos y actividades emergentes como la producción de hidrógeno verde requieren agua, por lo que su disponibilidad debe considerarse desde la planeación de los proyectos. Esta relación adquiere especial importancia en una región que concentra importantes reservas mundiales de litio y cobre.

El informe reúne además diez mensajes para impulsar una posición común de Iberoamérica en los próximos encuentros internacionales sobre clima y agua, entre ellos la COP31, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua 2026 y el Foro Mundial del Agua 2027. Una de sus propuestas es explorar la posibilidad de construir una Declaración Iberoamericana del Agua.

Elaborado a partir de conversatorios regionales, una encuesta estratégica con participación de doce países, reuniones con actores clave y aportaciones de la Conferencia de Directores Iberoamericanos del Agua (CODIA), el Informe La Rábida 2026 retoma un tema abordado por el Observatorio desde su primera edición, hace ocho años.

Su conclusión apunta a un desafío que va más allá de la disponibilidad natural: Iberoamérica necesita instituciones coordinadas, inversión sostenida y políticas de largo plazo para que su riqueza hídrica se traduzca en bienestar, desarrollo y acceso equitativo para la población.

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