La décima edición reunió durante diez días a habitantes de los siete pueblos originarios y turistas nacionales e internacionales. Desfiles, ofrendas monumentales, artesanías y conciertos formaron parte de una celebración que tuvo cuatro sedes y más de 150 actividades gratuitas.
La tradición, la música y la memoria de quienes ya no están reunieron a millones de personas en Tláhuac. Con una afluencia reportada de más de tres millones de visitantes, concluyó la décima edición del Festival Internacional de Día de Muertos Tláhuac 2026, una celebración que durante diez días convirtió a la alcaldía en uno de los principales escenarios culturales de la capital mexicana.
Habitantes de los siete pueblos originarios, así como visitantes de distintas partes del país y del extranjero, participaron en las actividades realizadas en cuatro sedes: el Bosque de Tláhuac, la explanada de la alcaldía, la Plaza Juárez de San Andrés Mixquic y la Plaza Juárez de Zapotitlán.
La alcaldesa Berenice Hernández Calderón encabezó el cierre del encuentro y reconoció la participación de familias, colectivos, casas de cultura, Escuelas para la Vida, artesanos, productores de cempasúchil, artistas y voluntarios que contribuyeron a mantener viva esta celebración.
Durante su mensaje, destacó el carácter comunitario de la festividad y el papel de las familias en la preservación de las tradiciones.
«Hoy cierra una edición histórica. Este festival es del pueblo y para el pueblo. Gracias a cada familia que mantuvo viva la tradición, que abrió su hogar, que puso su ofrenda y que compartió con el mundo la grandeza de Tláhuac. Demostramos que Tláhuac es cultura, es tradición, es comunidad y es el corazón de Día de Muertos en la Ciudad de México», expresó.
Tradición que se comparte con el mundo
A lo largo de diez días, el programa ofreció más de 150 actividades gratuitas que combinaron expresiones culturales, gastronomía, artesanía y espectáculos musicales. Uno de los momentos más representativos fue el desfile de más de cinco mil catrinas y calaveras, integrado por participantes de los siete pueblos originarios.
También destacaron las ofrendas monumentales, los tapetes de aserrín elaborados por artesanos locales y la exposición y venta directa de flor de cempasúchil, una actividad que permitió dar visibilidad al trabajo de los productores de la demarcación.
La música tuvo un papel central en la programación, con presentaciones de Emmanuel, Los Cadetes de Linares, El Poder del Norte y el Mariachi 2000 de Cutberto Pérez. El cantautor Alejandro Filio estuvo a cargo del concierto de clausura.
En esta edición, China participó como país invitado, compartiendo expresiones de su cultura y folclore. La presencia internacional se sumó a una celebración que busca mostrar las tradiciones locales a visitantes de distintos lugares y fortalecer los vínculos culturales.
Seguridad y trabajo comunitario
Hernández Calderón informó que el festival concluyó con saldo blanco en sus cuatro sedes, de acuerdo con el balance presentado por la alcaldía. Para ello, se implementó un operativo coordinado con la Guardia Nacional, la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Protección Civil y personal de distintas áreas de gobierno.
El dispositivo incluyó filtros de acceso y acciones para mantener condiciones de seguridad durante las actividades. La alcaldesa también reconoció el trabajo de los equipos de limpia, así como de las áreas de desarrollo económico, cultura y turismo, que participaron en la organización y atención de los espacios.
Al despedir esta décima edición, la funcionaria subrayó que el Día de Muertos representa mucho más que una celebración: es una oportunidad para preservar la memoria familiar y colectiva, transmitir las raíces culturales y compartir con otras comunidades el significado de honrar a los seres queridos.
«Esta celebración no significa olvido, representa memoria e historia. Mantuvimos vivas nuestras raíces, honramos a nuestros fieles difuntos y compartimos al mundo que en Tláhuac la tradición está más viva que nunca», concluyó.
Con una convocatoria multitudinaria y una amplia oferta cultural, el festival cerró una edición marcada por la participación comunitaria y la diversidad de sus expresiones, reafirmando el lugar de los pueblos de Tláhuac en la preservación de una de las tradiciones más representativas de México.

