El FMI, el Banco Mundial y la OCDE elevaron sus previsiones de crecimiento para la economía mexicana, que podría cerrar el año con un avance de entre 1.4% y 1.5%. Las exportaciones y la recuperación de la inversión impulsan las expectativas, aunque la incertidumbre comercial y la debilidad de la inversión privada siguen siendo desafíos.
México comienza a recuperar parte del terreno perdido en las expectativas de crecimiento económico. Después de un periodo marcado por la incertidumbre comercial, la debilidad de la inversión y los temores de estancamiento, los principales organismos financieros internacionales han ajustado al alza sus pronósticos para 2026. Sin embargo, la mejora todavía es moderada y el panorama mantiene importantes desafíos.
Las nuevas estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) apuntan a que el producto interno bruto (PIB) mexicano podría crecer entre 1.4% y 1.5% al cierre del año, por encima de algunas de las previsiones formuladas durante los primeros meses de 2026.
El cambio refleja una combinación de factores: el dinamismo de las exportaciones hacia Estados Unidos, las señales de recuperación de la inversión y la resistencia del consumo interno. No obstante, la incertidumbre sobre el futuro de la relación comercial con Washington y las dificultades para reactivar la inversión privada continúan condicionando las perspectivas.
FMI, Banco Mundial y OCDE elevan sus pronósticos
Los ajustes de las instituciones multilaterales muestran una visión menos pesimista sobre el desempeño de la economía mexicana.
De acuerdo con las estimaciones citadas, el Banco Mundial elevó su pronóstico de crecimiento para 2026 de 1.3% a 1.4%, mientras que el FMI lo modificó de 1.2% a 1.5%. Uno de los cambios más significativos fue el de la OCDE, que pasó de anticipar un crecimiento de 0.8% a proyectar un avance de 1.5% a finales de septiembre.
Por su parte, la encuesta de expectativas de Citi sitúa el consenso de las instituciones financieras que operan en México en un crecimiento de entre 1.4% y 1.5%.
Estas cifras representan una mejora frente a las previsiones iniciales, aunque todavía describen una expansión económica moderada. La revisión al alza no significa que México haya superado sus problemas estructurales, sino que algunos indicadores recientes han ofrecido señales más favorables de las esperadas.
Exportaciones e inversión impulsan la actividad económica
Uno de los factores que han contribuido a mejorar las expectativas es el desempeño del sector exportador. A pesar de las tensiones comerciales y de los aranceles impuestos por Estados Unidos a productos como el acero y el aluminio, las ventas mexicanas hacia ese mercado han mantenido su dinamismo.
La demanda estadounidense de infraestructura para centros de datos y equipos vinculados con aplicaciones de inteligencia artificial también ha abierto oportunidades para las empresas mexicanas.
Banamex considera que la demanda externa continuará contribuyendo positivamente al crecimiento del país y mantiene su previsión de un avance del PIB de 1.4% para 2026.
A este impulso se suma la recuperación de la inversión observada en los últimos meses, particularmente la extranjera, según ha señalado el secretario de Hacienda, Édgar Amador.
Durante una comparecencia en el Senado, el funcionario sostuvo que una mayor inversión, un sector exportador sólido y la resiliencia del consumo están contribuyendo al desempeño de la economía.
Amador también destacó que, de acuerdo con las cifras presentadas en esa intervención, el PIB registró un crecimiento anual de 2.1% durante el segundo trimestre de 2026, con su mayor avance trimestral desde el primer trimestre de 2022.
La incertidumbre sobre el T-MEC sigue pesando
Pese a las señales de recuperación, la relación comercial con Estados Unidos y Canadá continúa siendo uno de los principales factores de incertidumbre para México.
Las dudas sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) han condicionado las decisiones de inversión y las expectativas de las empresas, especialmente de aquellas que dependen de las cadenas de suministro regionales.
Aunque Washington ha planteado negociar modificaciones al acuerdo, México mantiene conversaciones con el Gobierno estadounidense para buscar condiciones comerciales que favorezcan la actividad productiva.
A este escenario se suma la expectativa por las elecciones intermedias estadounidenses del próximo 3 de noviembre, cuyos resultados podrían influir en el debate político y comercial sobre el futuro del tratado.
Por ahora, las exportaciones mexicanas han mostrado capacidad para sostenerse pese a las tensiones. Sin embargo, la evolución de las negociaciones será determinante para las empresas que necesitan certidumbre antes de comprometer nuevas inversiones.
La inversión privada continúa siendo el punto débil
El Banco Mundial advierte que el crecimiento mexicano sigue siendo modesto y que la inversión privada permanece limitada por la incertidumbre sobre las políticas internas y externas.
El organismo también señala que la reducción del impulso de los grandes proyectos de infraestructura pública representa un obstáculo adicional para la actividad económica.
En su análisis regional, el Banco Mundial sostiene que la demanda interna continúa siendo limitada, mientras que las tensiones comerciales afectan la confianza empresarial. Aunque una política monetaria menos restrictiva puede ofrecer cierto alivio, los factores externos siguen generando cautela.
Frente a este panorama, el Gobierno mexicano ha impulsado el Plan México, una estrategia que busca fortalecer la inversión mediante la colaboración entre los sectores público y privado, con especial atención a la infraestructura y a las actividades productivas con potencial de crecimiento.
El desafío consiste en convertir los anuncios y las expectativas en proyectos concretos que generen empleos, eleven la productividad y fortalezcan la capacidad de la economía para crecer de manera sostenida.
Inflación y condiciones externas: factores que también influyen
Otro elemento que ha contribuido a las perspectivas económicas es la relativa estabilidad de la inflación, de acuerdo con los argumentos expuestos por las autoridades y los organismos financieros.
El FMI ha señalado que el impacto del encarecimiento internacional de la energía ha sido limitado en México, debido, entre otros factores, a la dependencia relativamente baja de determinados combustibles importados, la estabilidad de los precios regionales del gas natural y las medidas fiscales destinadas a contener los precios internos de la gasolina.
El organismo también considera que una consolidación fiscal ordenada y una mayor certidumbre comercial podrían mejorar las perspectivas del país.
Sin embargo, estos factores favorables no eliminan los riesgos asociados con la evolución de la economía mundial, las condiciones financieras y las decisiones comerciales de Estados Unidos.
Un crecimiento mayor, pero todavía insuficiente para despejar las dudas
Las nuevas proyecciones ofrecen un panorama más favorable para México que el previsto al inicio del año. Las exportaciones, el interés de los inversionistas extranjeros y la resistencia del consumo han contribuido a mejorar las expectativas de crecimiento.
Aun así, los pronósticos de entre 1.4% y 1.5% reflejan una economía que todavía enfrenta dificultades para alcanzar una expansión más vigorosa. La debilidad de la inversión privada, la incertidumbre sobre el T-MEC y la necesidad de fortalecer la demanda interna siguen siendo factores decisivos.
El reto para los próximos meses será mantener el impulso exportador y traducir la recuperación de la inversión en una actividad económica más amplia y sostenida.
En otras palabras, México comienza a mejorar sus perspectivas para 2026, pero el avance definitivo dependerá de su capacidad para transformar las señales favorables en crecimiento duradero, mayor productividad y nuevas oportunidades para empresas y trabajadores.

