México pierde autosuficiencia alimentaria: cae la producción de maíz y crece la dependencia de importaciones

La UNTA advierte que el campo enfrenta una combinación de sequías y otros efectos climáticos, altos costos de producción y falta de apoyos, factores que podrían presionar los precios de los alimentos y comprometer la seguridad alimentaria del país.

El campo mexicano enfrenta un panorama de creciente vulnerabilidad por la caída en la producción de granos básicos y la dependencia de las importaciones para cubrir la demanda nacional. Así lo advirtió Álvaro López Ríos, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), tras el análisis de la Encuesta Nacional Agropecuaria del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

De acuerdo con el dirigente, los resultados examinados por el Comité Ejecutivo Nacional de la organización reflejan una combinación de problemas estructurales y climáticos que amenaza la autosuficiencia alimentaria. Entre los principales factores señaló el encarecimiento de los insumos, la falta de incentivos para los productores, los efectos del cambio climático y el envejecimiento de la fuerza laboral del sector.

La organización advirtió que, si estas condiciones persisten, México podría enfrentar mayores dificultades para garantizar el abasto de alimentos en los próximos años, por lo que consideró necesario revisar las políticas públicas dirigidas al campo.

El maíz blanco registra una caída significativa

Uno de los datos que destacó la UNTA es la reducción de la producción de maíz blanco, grano fundamental para la alimentación y la identidad cultural de México.

Según las cifras citadas por la organización, la producción pasó de 25.8 millones de toneladas en 2019 a 20.4 millones en la actualidad, una disminución de aproximadamente 5.4 millones de toneladas.

Esta reducción, sostuvo López Ríos, incrementa la presión sobre el mercado nacional, pues el maíz se utiliza tanto para el consumo humano como para la alimentación del ganado y diversas actividades industriales.

Para compensar la demanda interna, México recurre cada vez más a las compras en el extranjero. La UNTA estima que el país importa cerca del 58% de los granos y oleaginosas que consume, mientras que las importaciones totales de maíz para los ciclos actuales se ubicarían entre 23 y 26.5 millones de toneladas, con predominio del maíz amarillo y una participación creciente del blanco.

Estas cifras corresponden a las estimaciones presentadas por la organización y requieren distinguirse de las estadísticas oficiales consolidadas para cada ciclo agrícola.

El clima y los costos presionan a los productores

Para el Comité Ejecutivo Nacional de la UNTA, la caída productiva responde a una combinación de factores que dificulta la actividad agrícola. Entre ellos se encuentran los fenómenos climáticos extremos, los costos de producción que reducen los márgenes de ganancia y la insuficiencia de incentivos y apoyos.

La combinación de estos problemas puede limitar la capacidad de los agricultores para invertir en tecnología, mejorar sus sistemas de riego y mantener niveles de producción suficientes para atender el mercado interno.

A estas dificultades se suma el envejecimiento de la población ocupada en el campo, un desafío para la continuidad de las actividades agrícolas y la incorporación de nuevas generaciones al sector.

La organización considera que el deterioro de estas condiciones podría prolongarse durante los próximos cinco años, incluido el cierre de la actual administración federal, si no se realizan cambios en las políticas públicas para el campo.

Importaciones y precios: el impacto en las familias

La dependencia de los mercados internacionales también puede exponer el abasto nacional a factores externos, como los conflictos geopolíticos, la inflación global y el encarecimiento del transporte marítimo y terrestre.

De acuerdo con la UNTA, estas condiciones podrían repercutir en los precios de productos esenciales como la tortilla, el pan, la leche y la carne, al afectar los costos de los granos utilizados en la alimentación humana y animal.

La organización alertó sobre el riesgo de una mayor inflación alimentaria ante la desaceleración de la producción. Sin embargo, el comportamiento de los precios dependerá también de otros elementos, como la oferta y la demanda, los costos de comercialización y las condiciones de los mercados nacionales e internacionales.

El problema, señaló el organismo, no se limita a la rentabilidad de los agricultores: también involucra el acceso de las familias a alimentos suficientes y asequibles.

La UNTA pide una política integral para el campo

Ante este panorama, los integrantes del Comité Ejecutivo Nacional de la UNTA plantearon la necesidad de impulsar una estrategia integral para fortalecer la producción nacional y reducir la vulnerabilidad del sector agroalimentario.

Entre sus principales propuestas se encuentran la tecnificación del riego, la implementación de medidas para mitigar los efectos del cambio climático y la recuperación de la rentabilidad financiera de las unidades agrícolas.

El objetivo, de acuerdo con la organización, es mejorar las condiciones de producción, brindar mayor certidumbre a los agricultores y disminuir la exposición del país a las fluctuaciones de los mercados internacionales.

La advertencia de la UNTA coloca nuevamente en el centro del debate la capacidad de México para producir los alimentos que consume. La evolución de las cosechas, los costos agrícolas y las políticas de apoyo al sector serán factores determinantes para evaluar si el país logra contener su dependencia externa y fortalecer la seguridad alimentaria en los próximos años.

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