Con más de 34 mil hectáreas dedicadas al cultivo de naranja y una producción anual superior a las 735 mil toneladas, la entidad concentra cerca de una quinta parte de la cosecha nacional. La variedad Valencia domina las huertas, mientras que las tempranas permiten a los productores acceder primero al mercado.
Los campos citrícolas de la zona centro de Tamaulipas sostienen una de las actividades agrícolas más importantes de la entidad. Con una producción que supera las 735 mil toneladas anuales y que en temporadas favorables rebasa las 900 mil, el estado ocupa el segundo lugar nacional en producción de naranja, únicamente detrás de Veracruz.
La actividad representa mucho más que cifras agrícolas: de ella dependen directa e indirectamente más de 10 mil familias y alrededor de 5 mil 300 productores, entre quienes cultivan, cosechan, transportan y comercializan el fruto.
De acuerdo con los datos proporcionados, Tamaulipas cuenta con una superficie citrícola que oscila entre las 33 mil y más de 46 mil hectáreas, de las cuales más de 34 mil están destinadas específicamente a la producción de naranja. En conjunto, la cosecha estatal representa cerca de una quinta parte del volumen nacional.
La producción se concentra principalmente en la región centro, donde destacan Padilla, considerado el principal municipio productor de la entidad y uno de los más importantes del país, además de Hidalgo, Güémez, Llera y Victoria. También participan, aunque a menor escala, Casas y Mainero.
Valencia, la variedad que sostiene la temporada
La citricultura tamaulipeca se caracteriza por el predominio de la naranja Valencia, que ocupa más del 80 por ciento de la superficie destinada a este cultivo. Se trata de una variedad apreciada por su jugosidad y por su demanda en la industria procesadora, además de su contenido de azúcar, que puede alcanzar niveles de hasta tres grados Brix por encima de otras variedades, según los datos del sector.
Su cosecha principal se desarrolla de marzo a julio, con mayor intensidad durante mayo, aunque algunas huertas prolongan la recolección hasta septiembre. Por su volumen y demanda, esta variedad representa uno de los pilares de la economía citrícola estatal.
El segundo grupo corresponde a las naranjas tempranas, que permite a los productores iniciar la comercialización antes de la temporada fuerte de Valencia. Dentro de este segmento se encuentran variedades como Navelina, Washington Navel, Atwood y Lane Late, cada una con distintos periodos de maduración y características para el consumo en fresco.
La Navelina destaca por su precocidad y calidad de mesa, con cosechas de octubre a enero. Washington Navel y Atwood se recolectan principalmente entre noviembre y enero, mientras que Lane Late prolonga la disponibilidad del grupo Navel de enero a abril.
La disponibilidad de estas variedades permite mantener la oferta de naranja durante buena parte del año y distribuir las cosechas en distintos periodos, lo que brinda alternativas de comercialización a los productores.
Los precios dependen de la temporada y la oferta
El calendario de cosecha también influye en el comportamiento de los precios. La naranja temprana puede alcanzar cotizaciones más elevadas al inicio de su temporada, cuando la oferta todavía es limitada y los compradores buscan abastecer el mercado.
De acuerdo con los rangos proporcionados, estas variedades pueden comercializarse en campo entre 3 mil 500 y 5 mil pesos por tonelada, dependiendo de la disponibilidad y la demanda.
En el caso de la naranja Valencia, cuyo volumen es considerablemente mayor, los precios suelen ubicarse entre 2 mil 500 y 4 mil pesos por tonelada. Sin embargo, pueden aumentar hasta 6 mil pesos e incluso alcanzar entre 8 mil y 10 mil pesos cuando la producción disminuye, se presentan heladas o queda poca fruta disponible.
Estas cotizaciones son variables y corresponden a referencias de mercado, no a precios garantizados para todos los productores, pues también dependen de la calidad del fruto, los costos de cosecha, el comprador y las condiciones de comercialización.
Con dos grandes temporadas de recolección —las variedades tempranas, de noviembre a abril, y la Valencia, de marzo a julio—, Tamaulipas mantiene una presencia prolongada en el mercado nacional. La combinación de superficie cultivada, diversidad de variedades y experiencia productiva convierte a la citricultura en una actividad estratégica para la economía rural del estado.

